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Finalista: Vino Lilli – Bernardo Rusquellas

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Vino Lili

Autor:  Bernardo Rusquellas (Argentina)

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Me estiro y pongo los pies sobre la bancada de babor. El sol es débil pero se siente tibio y agradable. Oigo la voz zumbante del VHF pero no entiendo qué dice. Por ahora está todo tranquilo, ya va a cambiar. Es por eso que debo aprovechar esta calma y descansar. Acabo de cruzar una tormenta, casi un huracán. Solo ha sido un día muy largo, pero la tensión es mucha y estoy agotado. Al amanecer, todavía con mar gruesa perdí la noción del tiempo y del espacio. Llevé el timón como un autómata.  El mar pude ser brutal pero no es traicionero, sólo es el mar. Tiene un temperamento explosivo a veces, dulce y amable otras. Se ríe y juega con nosotros, pero no es hipócrita como nosotros.
El parlante hace un carraspeo y ahora se oye con claridad una voz nerviosa “Aquí Non Plus Ultra”, da la posición y repite todo otra vez. Es un hermoso velero, lo conozco porque es de Juan Salgado, uno de los accionistas de la empresa para la cual trabajo. Prefectura le contesta entre chisporroteos y le hace repetir la posición una vez mas.
Debe estar cerca, pero una leve bruma sobre el agua no me permite verlo.
¿Por qué puedo estar tan relajado aquí, y tengo que estar tan tenso en el piso 23 con aire acondicionado? Parece una pregunta tonta pero lo he visto a Salgado y es feliz allí. No es tan mal tipo,…o tal vez sí lo es. El me promovió de puesto “Vamos, acepte, en esta empresa o se avanza o se retira”. O se tiene un infarto, o un divorcio.
En el mar también ascendemos, con el tiempo.
Rodríguez venía peleando por ese ascenso desde hace años. Quizás por eso acepté. No… acepté por cobarde. ¿Hubiera podido decirle a mi mujer “no acepté un ascenso, quizás me echen”?
Vuelve a hablar el VHF. Le piden al Non Plus Ultra que salga del agua, viene tormenta. Qué novedad. Estamos navegando en el ojo, anoche sí que nos dio un baile. Un baile. Recuerdo el baile de fin de año de la empresa. Trajes oscuros, vestidos escotados, sonrisas fotocopiadas, alguno pasado de copas. Al menos el borracho se sonreía de gusto. Rodríguez daba órdenes porque ya se creía en el cargo.
Uy… me salpicó la espumita, el mar está nervioso. Las olas son cortas y salpican, pero todavía falta para el próximo frente. La espuma corre por el traje de agua. El esmoquin la absorbió ante el gritito de sorpresa simulada de la señora Helmuth. “¡Ay, no se puede quedar así!”. Tuve que aceptar sonriendo que me llevara a otra habitación y me frotara con una servilleta la espuma de champagne que un instante antes me tirara “inocentemente”. “Espero verlo más seguido por aquí” me dijo con una voz suave que salía de sus pestañas postizas. Yo sabía que una de las obligaciones del nuevo cargo era atender a la esposa del director general. Ella me estaba ascendiendo. Cuando se lo dije a Ana, mi esposa, simplemente cambió de tema. Mi padre decía que el dinero provoca sordera.
Se está levantando viento. Voy a tener que volver a arriar la mayor, pero aun hay tiempo. Se deja oír el VHF, parece que el Non Plus Ultra se está poniendo nervioso. Mi primer trabajo en el nuevo puesto me puso más que nervioso. Tenía una sección a mi cargo. Durante una semana soñé con las modificaciones, los avances y el crecimiento de mi sección. El lunes tenía una orden en mi escritorio, la sección no era de interés, en seis meses, todos despedidos y mi traslado…después de los despidos. La úlcera no fue grave.
Vuelvo a oír al Non Plus Ultra, ahora está asustado, lo reconozco, empieza a dar órdenes. Como si al mar se le pudieran dar órdenes. Tenía que dar órdenes, muchas órdenes, sin sentido y sin pensar. Todos los gerentes lo hacían. Cuando ocurrió el derrumbe y murieron dos obreros, Salgado se encargó de tranquilizarme. “¿De que se preocupa? Usted hizo todo bien, no tienen posibilidad de reclamar nada, ni un peso. Se lo ve cansado ingeniero, tómese unos días y cuídese que usted es un baluarte en esta empresa.” Y me los tuve que tomar, cinco minutos después. Fue cómico, mi secretaria estaba más asustada que yo, solo era mi primer infarto.
Me acomodo nuevamente estirado sobre las bancadas, es agradable. Acabo de arriar la mayor e izar una vela de capa porque una ráfaga que me sacó de rumbo me lo advirtió. Pero ahora vuelve la tranquilidad por un rato.
El Non Plus Ultra ordena, no pide, ordena a prefectura que lo vayan a remolcar.
El radioperador le pregunta cuál es la avería. No hay avería, solo miedo.
¿Miedo a qué? ¿Al suicidio de Rodríguez porque a su mujer no le alcanzaba el sueldo de subgerente? ¿Miedo a enfrentar a su mujer cuando le echa en cara su muerte? Pobre Rodríguez, era un imbécil pero no merecía morir así. Tampoco merecía el puesto.
Unas gaviotas que flotan parecen los martillos de un piano, subiendo y bajando al ritmo de la música que ejecuta el viento. Si miro al cielo gris oscuro, veo las alas brillantes de una bandada que vuela dentro de un rayo de luz.
Lilí tenía un móvil de pajaritos brillantes girando sobre su cuna. La recuerdo moviendo las manitas y riendo porque un rayo de sol los había iluminado. Luego la recuerdo inclinándose para saludar al terminar su acto en el colegio. No sé qué era lo que había hecho porque yo acababa de entrar. Al menos esa vez fui.
Solo recuerdo algunas escenas de su vida, como fotos aisladas. En realidad creo que no la vi más que esas pocas veces. Su madre y la tarjeta de crédito me daban noticias periódicas, luego me dio noticias el psiquiatra del centro de rehabilitación juvenil.
El barco cabecea mucho porque el viento se detuvo y quedamos a merced de las olas. El cielo está cada vez más encapotado y el mar pasó de gris plata a un gris verdoso oscuro. Ya arrié el foque y puse el tormentín.
El Non Plus Ultra vuelve a pedir ayuda, ya no ordena, solo pide auxilio. Voy a tener que hablar con él. 
“Analí Analí llamando al Non Plus Ultra. Yo también estoy en el agua, Salgado, tenemos que correrla, es lo mejor, es muy fuerte pero no va a durar mucho.”
Contestó sin preámbulos “¡Qué correrla, tenemos que salir!”
“No se puede salir, Salgado, nunca se puede salir.”
La primer ráfaga sumerge el candelero de sotavento. Me pongo en popa.
El VHF sigue clamando “No lo oigo bien, está todo oscuro y las olas son cada vez mas grandes. Tengo solo el tormentín y el viento casi me tumba. Conteste Analí”
“Aquí Analí. Hizo todo bien Salgado ¿De qué se preocupa?”
“Analí, Analí, no lo oigo bien. ¡May day, may day! ¡Que alguien me ayude por favor! ¿Nadie me escucha?”
“Qué curioso, Salgado, usted repitió la misma frase que dejó ella en el contestador de mi oficina ¡Que alguien me ayude por favor! ¿nadie me escucha?”
¿Se acuerda Salgado? Hablo de Lili ¿Se acuerda?
Yo estaba viajando, pero alguien tenía que oír el contestador de la oficina. ¿Por qué no avisaron?. Cuando murió el padre de Estela no le dijimos nada hasta la hora de salida, pero era su horario. A Gustavo no le permitimos retirarse cuando el parto de su mujer salía mal , pero tenía que terminar la redacción del contrato con Japón.
¿Por eso no me avisaron?
“Las olas son enormes ingeniero, contésteme, no lo oigo bien.”
Sí Salgado, son como montañas y rompen antes de superarlas, pero solo son olas. Yo le estaba hablando de Lili.
“¡De que habla ingeniero! ¡Nos vamos a hundir! ¡¿Qué hago?!”
¿Cómo de que hablo? Es lo que usted dijo, se estaba hundiendo, se estaba ahogando en la desesperación. Y yo no hice nada para ayudarla.
“¡Lo veo ingeniero, está a la par mío, mire a estribor, me tiene que ver!”
Lo veo Salgado, estoy a la par suyo. Siempre traté de estar a la par suyo. ¿Recuerda cuando hicimos la planta del sur? No iba a casa por semanas, dormía en el avión. Pero pude mandar a Lili al colegio ingles, el mismo al que usted mandaba a sus hijas. Buen colegio, aunque ahora ya no le sirve. ¿Cómo está Mariangel?
“¡No lo sé ni me importa! ¡Ayúdeme, el barco está lleno de agua!
Es cierto, también tengo agua en la camareta. ¿Se acuerda de la instalación que hicimos en la represa? Ahí murieron varios en el agua, pero ya no me impresionaba. Estaba todo bien hecho,…para nosotros. Pero cuando la vi a Lili si me impresioné. Quince años tenía, Salgado, solo quince años. Y nadie la escuchó.
“¡No lo oigo! ¡Las olas son enormes, cada vez mas grandes!”
Sí Salgado, lo siento como algo enorme. Es mucho mas grande que yo, no cabe en mí, no puedo concebir la idea. No me puede haber pasado a mí, no le puede haber pasado a ella. La veo delante de mí. La veo en cada ola que se forma, surgiendo de entre la espuma, para deshacerse sobre mi cara, dándome una fría bofetada. Y me la merezco Salgado, me la merezco.
¡Me hundo ingeniero! ¡Me hundo!
¿Por qué se hunde ahora Salgado? Vino Lili, vino a visitarnos , esta aquí. Está parada en la proa, le gusta pararse en la proa y mirar el mar.
Acérquese Salgado, ella está aquí. ¿Recuerda cuando la llevé a la oficina y le dibujó un monigote en su agenda? Eso fue hace mucho pero ahora está aquí y se puso el vestido que le regalé para el cumpleaños de quince, no se lo había llegado a poner. Pero ahora lo tiene puesto. Venga Salgado, conteste Salgado… venga con nosotros.