CAPITANES CON QUIEN TODOS QUIEREN NAVEGAR (4)

ANILLOS DE ALAMBRE


En las sombras de la noche el Capitán Tuco camino por la marina rumbo al Achille. El Clásico velero de madera se mecía majestuosamente en su amarra de San Fernando. El Capitán Tuco abordó la nave y se introdujo en la cabina. En ella ya estaban Angel y Gabriel que empezaban a abandonar sus cuchetas. En el camarote de proa se oían unas suaves voces femeninas. Eran Gabriela y Cyntia que ya estaban a toda marcha ordenando sus elementos de dormir. Esta era la situación a bordo cuando se escuchó un “Holaaaa!” y unos golpes en la popa. Tuco gritó “Subí Gijena!!” y luego de escuchar unas maniobras y un bolso que se aplomaba en el Cockpit apareció en la escotilla del velero la figura de un joven flaco y barbudo muy sonriente que dijo “Hola gente… ¿ya estamos todos?”. Tuco respondió “Faltan solo los nuevos invitados… el pelado amigo de Angel y la Colorada amiga de Cyntia”. A todo esto ya Gigena, como todos lo llamaban  había ingresado a la cabina y saludado a todo el mundo. Cinco minutos después se escucho una voz de mujer que desde la marina tiro “Buenos días ¿hay gente a bordo?”, Cyntia respondió “Subí Patricia!!” y así llego a bordo “la Colorada” llamada de este modo por su cabello rojo natural. Besos, presentación de los muchachos y de Gabriela y la

CAPITANES CON QUIENES LAS DAMAS NO QUIEREN NAVEGAR (3)

CAPITANES CON QUIENES LAS DAMAS NO QUIEREN NAVEGAR (3)

 Marisa se preparó para la reunión con cuidado. Eligió ropa y accesorios que la hicieran lucir bien pero sin ostentación. Hoy era el encuentro. Finalmente se conocerían.  Todo había empezado por Internet. Un juego por Facebook y por algún foro convocaba a hombres y mujeres que quisieran navegar juntos. Despacio, la gente se fue arrimando y hubo un o una valiente que propuso reunirse. Acordaron un lugar –confitería del golf de Palermo – y una hora que fuera buena para todos y así se arribó a las veinte horas.  El objetivo de la reunión era conocerse y poder navegar. Aquellos o aquellas que tenían barco y aquellos o aquellas que no lo tenían. Una ecuación verdaderamente inteligente y feliz.

CAPITANES CON QUIENES LAS MUJERES NO QUIEREN NAVEGAR (2)

CAPITANES CON QUIENES LAS MUJERES NO QUIEREN NAVEGAR (2)

 Ricardo siempre ha sido un tipo tranquilo. Pausado, pero a quien se le nota como una arruga gruesa en el cobertor de una cama, si está entusiasmado. A todos los amigos nos preguntaba constantemente “¿No Tenes una mina para presentarme? Lo cual no molestaba en absoluto porque el hacía gala del dicho gubernamental de “no se queje si no se queja”. Por lo tanto él para tener siempre pedía. El sutil tema con Ricardo es que es especialista en divorciadas. Con el aditamento que le gustan buenas. En condiciones de merecer y mucho.

MUJERES QUE LOS NAVEGANTES NO QUIEREN A BORDO (1).

 MUJERES QUE LOS NAVEGANTES NO QUIEREN A BORDO (1).  Una guía práctica para el éxito en el amor (de las mujeres!!! ,… caballeros… lo lamento).

 Ella camina por la marina y llega a la popa del barco. El la está esperando ansiosamente. Han salido un par de veces y la cosa parece caminar. El verse ambas caras resplandecen de felicidad hasta que ella dice “Estamos listos para partir”. Esto produce en él un pequeño chispazo neuronal con una pregunta en el segundo forro del cerebro: “¿Estamos…, está…, estoy?”. Durante la semana previa Julieta le ha comentado a sus amigas “estoy saliendo con un flaco que navega… las voy a invitar a mi barco…”. Al llegar ese domingo a la nave se ha presentado con su equipo deportivo y un inmenso bolsón en el cual ante la pregunta de Alberto, su enamorado en camino, de “¿Qué llevas ahí?” Ella cándidamente responde “Algo de comida para nuestro fin de semana… y algunas cositas más”. Estamos en el Sábado a las 10 de la mañana. Ya el domingo en la mañana cuando despiertan a bordo en un riacho escondido, Julieta le

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