El ballú de Mustafá

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ImagePara los viejos cubanos un ballú es sinónimo de prostíbulo o burdel, esa palabra debe ser de origen nuestro, porque no aparece en los diccionarios, entonces, si se escribe con “y”, no creo que se cometa error ortográfico. De pequeño alcancé ver algunos de esos lugares en barrios de La Habana, las últimas prostitutas que vi, después de la llegada al poder de Fidel, ocurrió en Santiago de Cuba, exactamente en la calle Padre Pico, fue por el año 61, mientras me dirigía hacia la campaña de alfabetización, yo tenía en ese entonces once años. ¿Quién se acuerda de ellas?

Desaparecieron por encanto entre uniformes y marchas, parecía que se había recobrado la dignidad plena del hombre como se prometió, pero, como andan las cosas hoy día, todo indica que nos equivocamos.

   No por desaparecer las prostitutas temporalmente se perdió el uso de esta palabra, para las nuevas generaciones, ballú es otra cosa, es tal vez algo peor. Las infelices prostitutas podían infestarnos con alguna enfermedad venérea, mientras el nuevo ballú contaminaba a la sociedad de males mucho más poderosos, cuyas enfermedades eran capaces de destruirlo todo, desde un edificio hasta la familia.

Ballú es relajo, descontrol, desorganización, despilfarro, desorientación, desmoralización, derroche, promiscuidad, etc. Hay ballú donde quiera, en las escuelas, fábricas, ejército, hospitales, en las cuadras, en los barrios, en fin, en toda la isla. Por esa razón, nosotros somos tan balluceros y ese relajo que llevamos dentro, lo tenemos también en nuestras casas, de vez en cuando y para no aburrirnos, formamos nuestro ballú con los amigos, no es nada malo, ninguna orgía, es solamente una fiesta, algo para pasar el rato, que allí en esa isla es bastante largo.

   Un buen ballucero debe tener un excelente equipo de música, no importa de que marca éste sea, se requiere para ser calificado de esta manera, que tenga más de cien watts de salida, así podemos oír la música como nos gusta, que las ondas se sientan en el cuerpo, para bailar y al mismo tiempo discutir de pelota, para bailar hasta la madrugada y que la música sea escuchada por todos los vecinos, si tienen que trabajar no importa, si están enfermos que se jodan y si se encuentran de luto, ese es su problema. La policía no nos interesa, no hay teléfonos para llamarlos y si existieran, ellos no tienen gasolina para estos menesteres. El ballú nos hizo cambiar el concepto de muchas cosas, hasta olvidamos la unidad para medir capacidades, así, el congelador de un refrigerador no se mide por centímetros cúbicos, pulgadas cúbicas, ni nada por el estilo. Se mide por cajas de cerveza, de esas que llevan 24, entonces, a la hora de organizar alguno que otro ballú, se elegía la casa del individuo con más capacidad, entonces decíamos; “ La casa de Pepe es la perfecta, al tipo le caben una caja y media”. Para estas cosas siempre hemos sido muy organizados, de verdad que siempre nos ha gustado el relajo con orden.

   Sin poder desprendernos de esa virtud, los cubanos vamos a cualquier lado con nuestro ballú a cuesta, así un día, partí en un barco con 1200 hombres para una guerra, antes de zarpar del puerto de Cárdenas, recibimos una rastra cargada de cerveza y un camión de ron. No puede negarse que el gobierno conocía de nuestras debilidades, dos jornadas antes de llegar a Luanda nos quedamos prácticamente sin comida, la bebida nunca faltó. Dos años más tarde, llegaba a esa misma ciudad en avión, para cumplir una misión internacionalista.

   Nuestro primer viaje a bordo del buque angoleño “Ngola”, fue desde el puerto de Luanda hasta Argelia, cargado con ocho mil toneladas de café, tres mil de las cuales eran para ese país, otro poco para Bélgica y el resto para Polonia.

   Argelia ha sido uno de los países que más he visitado en el continente africano, fueron muchos los viajes que di a distintos puertos, entre ellos se destacan; Orán, Mostaganem, Annaba, Argel y éste último que es pequeño, de nombre Bijaijia, no recuerdo si es el que más al Este se encuentra, casi pegado a Túnez. Llegamos en pleno “ramadán”, tiempo durante el cual, los practicantes de la religión musulmana, que es la mayoría en ese país, no come ni bebe durante el tiempo que el sol se encuentra afuera.

   Las operaciones de descarga son lentísimas en ese tiempo, hay que comprender la debilidad física de los hombres, que permanecen más de doce horas sin ingerir alimentos ni líquidos, razón por la cual, la descarga de esa insignificante cantidad de carga nos tomó más de dos semanas.

   Al salir de Luanda se definió por la parte cubana, que nuestro salario a bordo sería de un dólar diario, a partir de la salida del último puerto angoleño hacia el extranjero, o sea, durante nuestra estancia en puertos angoleños no cobraríamos nada, así como lo oyen. La parte angoleña de la tripulación, que eran los subordinados, recibirían en cambio once dólares diarios. Quisimos apelar esa decisión impuesta por el representante del Ministerio de Transporte cubano, llamado Amador del Valle, pero el tipo se negó a reunirse con nosotros y oír nuestros criterios, así es como funcionan las cosas allá. No teníamos otra alternativa que acudir a nuestros viejos trucos, era inconcebible, que los simples marinos cobraran once veces más que la oficialidad, sobre los que descansaban todas las responsabilidades.

   Los portugueses al abandonar el barco, dejaron una buena cantidad de bebidas en un pañol dedicado a ellas en la gambuza, era bebida cara y de marcas mundialmente conocidas, hacia ellas dirigimos nuestros primeros ataques, hasta que llegó el momento en que se agotaron. No había nada que hacer en ese país, sin existir ramadán era extremadamente aburrido, en aquellos momentos era desesperante. Por suerte para nosotros, nos encontramos con un barquito español, se encontraba descargando camiones cargados de huevos que venían de Inglaterra, así como lo oyen, esas son las cosas raras que suceden en los países del llamado tercer mundo, me imagino que aquellos huevos eran de oro o al menos lo sería su precio. Con aquella tripulación hicimos prontas relaciones, es bueno aclarar, que eso era posible, porque solo éramos nueve cubanos, de haber sido a bordo de un barco cubano, aquellas relaciones eran imposibles de establecer, vivíamos con el inseparable fantasma de la CIA dentro de nosotros.

   Pronto las relaciones con los marinos de la madre patria se hicieron fuertes, todos los días intercambiábamos visitas, un día en su pequeño barco, otro en el nuestro y así tratábamos de que pasara el tiempo para largarnos de aquella pesadilla. No se hizo esperar la proposición para la compraventa de café entre ambas tripulaciones y el tráfico de sacos entre naves, se efectuaba en horas de la madrugada, ante los asombrados ojos de los tripulantes angoleños, que se encontraban de guardia. Nunca se pudieron imaginar que fueran precisamente los Oficiales, quienes dieran origen a aquel saqueo, la mayoría de la tripulación era analfabeta pero muy inteligente para aprender esta lección, una sola clase fue suficiente.

   Puedo asegurar que esta era la primera ocasión que robaba, en los barcos cubanos nunca se me había ocurrido tal barbaridad, lo hacía con gusto, moralmente lo encontraba muy justo y correcto, es sorprendente pero era la realidad, yo le buscaba una justificación a lo que hacíamos, me decía constantemente “Ladrón que roba a ladrón merece cien años de perdón”, sin embargo, era injusto al aplicarla, le estaba robando a otro país que nada tenía que ver con nosotros, pero lo encontraba culpable también de nuestras desgracias, ese fue solamente el inicio, luego continué hasta el final de mi campaña y lo más curioso de todo es, que los angoleños me admiraban y confiaban en mí, la mayor parte de las veces yo era el traductor en las negociaciones, que muchos de ellos realizaban con distintos tipos de contrabandos, esa confianza no la depositaron en todos los cubanos, ellos sabían distinguir entre los hombres e identificaron con precisión a nuestros delatores.

   Con los argelinos siempre mantuve una cordial relación, me interesaba la vida de las personas de los países que visitaba y en mis guardias hablaba con los estibadores, lo hacía con todos, sin distinguir nacionalidades, por eso, uno de esos días de cualquiera de esos viajes, alguno de ellos me manifestó; que para contraer matrimonio había que pagar algo así como una dote, que traducido al lenguaje de nuestro país significaba; comprar a la mujer.

   Siempre me preguntaba por muchas de las razones, que diferenciaban al mundo de acuerdo a sus costumbres, pero era imposible encontrar respuestas a mis interrogantes y debí aceptar la vida tal y como la observaba, creo que eso me enseño a ser tolerante y respetar a los demás, recibí en pago la comprensión y el cariño de los otros, sin dejar de reconocer, que es muy difícil lograrlo en los países árabes.

   Hablando con uno de ellos, con un insignificante estibador, me contó de aquellas cosas que el simple turista no puede observar, la razón por la cual es casi imposible ver a una mujer en la calle, pero más difícil aún, ver a una niña o joven. Si recorres todos los lugares públicos, encontrarás a personas del sexo masculino, sean bares, cines, parques, exposiciones, etc. Las hembras estarán casi en cautiverio en sus casas, ellas se encontrarán a resguardo de los padres, hasta el momento de efectuar el matrimonio convenido con anticipación. El que no posea dinero para pagar esa dote, sencillamente no tendrá mujer, el que tenga bastante, podrá asegurarse un harén, así funcionan las cosas desde hace siglos y nadie las ha podido cambiar.

   Argelia fue otro de los laboratorios donde se experimentó el Socialismo, aquí tenía su sabor musulmán, todo indica que no funcionó, se podía percibir desde mucho antes, era terrible la improductividad, el desorden, el burocratismo, etc. Cuba siempre mantuvo personal en ese país, recuerdo a los que pertenecían a la brigada médica, que trabajaban en el hospital Ché Guevara, te expresaban abiertamente su deseo de regresar a la isla. Un ginecólogo amigo mío de la barriada de Juanelo, regresó loco de su campaña en Argelia, fue necesario emplear mucho tiempo, para regresarlo a su estado normal, después de esa experiencia, no creo que aquel hombre se haya brindado para otra aventura internacionalista.

   Uno de aquellos aburridísimos días, llegó uno de los gallegos del barquito español para invitarme a salir, la idea no me atraía, ya había salido una vez y era suficiente, consideraba que en ese puerto no tenía nada que buscar.

-Jodé hombre, te aseguro que te divertirás un poco.- Insistía el hombre para convencerme.

-No jodas gallego, ¿qué carajo se puede ver en este pueblo?-

-Te aseguro que verás algo que nunca has visto en tu puta vida.-

-¡Al carajo! Sencillamente tienes ganas de estirar las patas y no encontraste a otro para que te acompañara.-

-No seas jilipollas, para caminar lo haría solo y sin necesidad de salir de este puerto, te digo, vas a quedar pasmado con el descubrimiento que hice.-

-Descubrimiento aquí en Argelia, de verdad que estás loco de remate gallego.-

-Te he dicho una y mil veces que no soy gallego, soy catalán.-

-Para nosotros es lo mismo, todo los que viven en España son gallegos, así que no te ofendas.-

-¿Entonces qué, vas o no vas?-

-Coño dame un avance aunque sea, porque de veras es difícil creer que exista algo atractivo en este lugar.-

-¡Putas hombre!-

-¿Putas? Eso no te lo crees ni tu mismo. ¿Putas en Argelia? Gallego no fumes mas marihuana.-

-Jodé que no fumo esa mierda, pero si no lo crees vamos, te voy a llevar hasta un burdel que descubrí.-

-¿Un ballú aquí? Deliras gallego.-

-Háblame como los cristianos para entenderte, ¿qué es eso de ballú?-

-Nada hombre, eso mismo, es un burdel.-

-Entonces te entusiasmas.-

-Por supuesto gallego, esto no me lo pierdo, tratándose de putas.-

-Yo sabía que el tema te iba a gustar.-

-No solamente las putas, quiero saber como es un burdel árabe.-

-Nada mas que hablar, vámonos entonces.-

   Fueron muchas las cuadras que anduvimos, mientras el gallego me hacía la historia del tabaco, de verdad no me explicaba como fue posible que llegara hasta esos parajes, debe haber sido guiado por un argelino. Me contó el origen de aquellas prostitutas, según su versión y de acuerdo a lo que le contara un argelino, esas mujeres fueron llevadas a ese oficio, porque en la mayoría o totalidad de los casos, habían manchado el honor de la familia. Sus delitos consistieron en que después de haber sido comprometidas por sus padres, se enamoraron de otro chico y llegaron a la cama nupcial sin ser vírgenes, la familia del novio establece una reclamación por el fraude del que fueron víctimas y en algunos casos su propia familia le puede quitar la vida, como sucede en muchos de esos países árabes, otros prefieren mandarlas de prostitutas al desierto, campamentos militares o a simples prostíbulos como al que nos dirigíamos. Ya había oído hablar de esas costumbres, creo que nunca me adaptaría a vivir en un país así.

   Por la década de los setenta, a una cubana se le ocurrió la brillante idea de casarse con un argelino, es muy probable que se haya enamorado de él, en el amor no existen fronteras, aquella muchacha se fue a vivir a Argelia y desde su llegada le cambiaron las reglas del juego a las que estaba acostumbrada, la mantenían encerrada en la casa, no podía tener relaciones amistosas con nadie, no podía chismear con los vecinos, el marido le daba buenas sesiones de golpes de vez en cuando, para recordarle quien era el macho, así, hasta llevarla a un estado de desesperación, que aquella infeliz imploraba en la embajada de Cuba, para que la ayudaran a salir del país ya que las autoridades argelinas se lo prohibían, ella era, además de la esposa de un argelino, parte de su propiedad. Tantos fueron los ruegos de esa desdichada, que un buen día la ayudaron a salir de polizonte en uno de nuestros barcos.

   Llegamos hasta una casona, que estaba separada de la calle por una altísima cerca de ladrillos, en esa parte de aquel pequeño pueblo, las calles no estaban pavimentadas. El gallego tocó en una puerta bien grande y seguido a sus toques, sentimos el correr de cerrojos en su interior, el tipo balbuceó unas palabras en árabe y el gallego sacó un billete para pagar la entrada, solamente por entrar, cobraban dos dirham o dinares. Pocos metros detrás se encontraba la casa, bastante oscura en su exterior, nos había sorprendido la noche.

   El gaito se comportaba como todo un buen maestro o guía, así, me dejé conducir por él hasta el interior de aquella misteriosa casona, cuando traspasamos la puerta de entrada, nos encontramos en un largo pasillo, de unos tres metros de ancho y más de veinte de largo, no existían puertas en toda su longitud, solo una a mitad de camino, donde se aglomeraban un grupo de hombres vociferando. Aquella puerta era de rejas de hierro, parecidas a las utilizadas en las prisiones, pasamos junto a ellos en nuestra marcha hasta el final de aquel pasillo, el olor a grajo en esa área fue demasiado fuerte y penetrante, estaba tan congestionado el paso por allí, que no atiné a mirar al interior de la reja para ver lo que sucedía. El ambiente en aquel pasillo era deplorable, sus paredes se encontraban bien sucias y falta de pintura, al final del pasillo habían dos o tres mesitas y un pequeño mostrador, en lo que era un saloncito que se esforzaba por aparentar ser una cafetería, muy pocas eran las ofertas, café y refrescos, el dependiente se moría de aburrimiento también, todo era aburrido en ese país, menos lo que sucedía a mitad del pasillo.

   Regresamos sobre nuestros pasos y nos ubicamos dentro de aquel molote de gente, la peste era insoportable, pero teníamos que sacrificarnos para poder vivir ese momento, mas que gente, aquello parecía una jauría de lobos, todos vociferaban al mismo tiempo y la atmósfera se envenenaba con fétidos alientos. Permanecían con una mano levantada y sujetando entre ellas varios billetes. Detrás de la reja, una vieja gorda parada, de tez grasienta, es muy probable que apestosa también, detrás de la vieja que debía ser la matrona de aquel ballú, una escalera de caracol, como esas que se utilizan para escapar en casos de incendio.

   Por minutos se mantenían en silencio aquellos lobos, la gorda abría la reja cada vez que bajaba alguno de los que habían subido antes, luego, se repetían las griterías y muestras del dinero con la mano en alto, por aquella escalera de caracol bajaba algo que debía suponerse era una mujer, mostraba una pierna moviéndola dos o tres veces y desaparecía de nuevo, entonces, la gorda tomaba a uno de los lobos por la mano, le quitaba el dinero y contaba con rapidez, para luego permitirle subir. Yo había visto cientos de prostíbulos en distintos países, pero nunca algo similar a esto, donde la gente pagaba por una mercancía, sin saber si sería de su agrado, además, no se sabía si era mujer o no, bien podía ser un maricón, una pierna no dice nada.

-¿Qué te parece esto cubano?- Rompió nuestro silencio el gallego, a nuestro alrededor no cesaba la bulla, ni la peste a grajo, ni el mal aliento, si me mantenía en ese lugar, lo era solamente por chismoso.

-Compadre, esto no tiene nombre, creo que es una de las cosas más deprimentes que he visto en mi vida, ven acá galifa, ¿cuántas putas trabajan aquí?-

-Jodé, no has contado las patas, por mi cuenta solo he visto cuatro diferentes.-

-¡Cojones! Cuatro putas para satisfacer a todos estos salvajes, deben tener el bollo echando candela.-

-No lo creas, no has contado el tiempo que pasan allá arriba.-

-No jodas compadre, no me he puesto para esos detalles.-

- Bien, ahora cuando suba alguno, vamos a medirle el tiempo.-

   Le medimos el tiempo a varios de ellos y ninguno llegó a los cinco minutos, descontando el empleado en subir y bajar la escalera, se puede deducir, que aquellos hombres llevaban el semen en la punta del rabo y de solo oler una vagina se venían, no estaba mal para las infelices putas, pero de solo metérselos una sola vez en ese corto tiempo era suficiente, porque en la medida que salían clientes llegaban otros, parece que aquello nunca acabaría, sin contar que en esos momentos la clientela sería la mínima por estar el ramadán en pleno apogeo. Absortos en nuestros estudios para ver quien era el que rompía el record de los tres minutos y medio establecido por uno de aquellos incontrolables sementales, sonó con mucha fuerza un silbato a nuestras espaldas.

-Gallego y ahora, ¿qué mierda es esto?-

-Cállate cabrón y párate en atención de culo para la pared.-

-Carajo, pero explícame algo.-

-Después te explico, hazme caso si no quieres recibir un toletazo.- Como todo un buen exmilitar, obedecí al gallego, todos los argelinos presentes en el lugar hicieron lo mismo, al sonar el silbato, sus culos se pegaron a la pared y se pararon firmemente en atención. Desde la puerta de entrada comenzaron a caminar cuatro policías, con la lentitud que se les antojaban sus huevos, sostenían un tolete en sus manos derechas y lo golpeaban con suavidad contra la palma de la mano izquierda, mientras sus amenazadoras miradas recorrían cara y cuerpo de todas las personas que nos encontrábamos en ese lugar.

   Aquellos minutos fueron interminables, pensaba que nunca llegarían hasta el final del pasillo, después, con la misma lentitud recorrieron el camino que habían pasado, hasta que se oyó de nuevo el silbato, transcurrieron más de quince minutos en aquella lenta inspección visual. Mierdas, tan machos que se hacen esos maricones con el toletico y la pistola que cargan, y tal vez se vienen en menos de los tres minutos y medio. Aquel silbatazo indicaba que podíamos ponernos cómodos, con gran velocidad, los más próximos a la reja se lanzaron sobre ella, repitiéndose el desfile de las conocidas piernas.

-¿Gallego, tu sabías de esto?-

-¡Claro hombre! Lo que pasa es que no podía revelarte todo a la vez para que no perdiera su encanto, esta era una sorpresita que te tenía reservada.-

-Entonces, ¿esa inspección la hacen a diario?-

-Es que deben hacerla para controlar a estos lobos, de lo contrario son capaces de fornicarse hasta la gorda de la entrada, pero no te asombres.-

-¿Por qué, hay algo mas?-

-Si, el asunto es que hay un día de la semana que el burdel cierra sus puertas, ese día, solo tienen derecho a entrar los policías.-

- Gallego, vámonos pal carajo, ya hemos visto suficiente y la peste a camello que hay aquí adentro es insoportable.-

-Si, larguémonos, en definitiva vas a ver repetirse la misma escena indefinidamente.-

   Respiré a todo pulmón cuando salí, no estaba mal, había visto algo nuevo, denigrante, pero nuevo al fin y al cabo, no se parecía en nada a aquellos grandes burdeles que tuve la oportunidad de ver en distintas partes del mundo, algunos muy famosos, con nombres encubridores, pero burdeles con hermosas mujeres. En Cuba tenemos uno de los mayores del planeta, el ballú del Malecón, con niñas que un día soñaron otra cosa, en América tenemos un ballú inmenso, es nuestra isla, ballú con miles de putas, isla de balluceros, aquello pretendieron un día que fuera Socialismo, hoy no lo es, tampoco es Capitalismo.

   Mustafá no es nadie, no es el dueño del burdel, se me ocurrió ese nombre, porque en todas las viejas películas con temas árabes había un Mustafá, de la misma manera que en las antiguas novelas, algún criado se llamaba Jaime o también, porque miles de negras se llamaban Caridad o María Merced.

-Gallego, no vas a comprar mas café.-

- Joder, ¿vas vender el barco entero?-

-¿Compras o no compras?-

-Si, pero acuérdate que soy buen cliente, dame una rebajita hombre.-

-Coño con todo lo que ganas y siempre andas llorando.-

-Negocio es negocio.-

-Nunca vas a salir de las alpargatas y la boina.-

-Quien demonios se acuerda de esas cosas macho.-

-Te rebajo solo 500 pelas.-

-Digamos 700. -

-Dale al carajo, no empieces igual que ayer.-

-Es que a ti no te cuesta un huevo.-

-¿Quién paga por el susto galifa. ?-

-Digamos 600. -

-500. -

-Joder 550. -

-Vale.-

-Eres un gran cabrón cubano.-

-Cuántos sacos te llevo gaito.-

-Trae cuatro.-

-Vas a abastecer a toda Galicia.-

-Mal rayos te parta tío, te he dicho que soy catalán.-

-Vale gallego 550 y no me vengas con mas llantos.-

-A la misma hora bandido.-

-Nos vemos.-