Tirando el Ancla por Pepe Fuera de Borda

Tirando el Ancla

                                                   Por Pepe Fuera de Borda

 

La partida

Julio Rojo se había dado el gusto. Desde hacia dos meses tenía un velero con el que estaba contento. No esperaba más que placer en la salida de ese fin de semana. Era un sábado en la mañana. Las ocho de la mañana y Julio cargaba las últimas cosas en baúl del auto. Todo listo para ir hacia su velero que estaba amarrado en ese amarre privado que con tan buen precio  había conseguido.

Andrea era la esposa de Julio Rojo. Ella lo había impulsado a comprar ese nuevo velero reemplazando el anterior. En realidad Andrea siempre impulsaba a Julio. Ella era el verdadero artífice del éxito económico que ambos obtenían. Julio el ejecutor de los planes de Andrea. Y Andrea disfrutaba del éxito de ambos. Andrea se acercó al auto en el que ya Julio se encontraba con el motor en marcha. Cerró la puerta luego de sentarse y se colocó el cinturón de seguridad.

El portón eléctrico de la casa hizo su sonido de aviso y simultáneamente se empezó a levantar. El auto salió a la calle y el portón bajo lenta pero pesadamente hasta cerrarse. Andrea verificó mientras el auto se movía lentamente que las ventanas del frente estuvieran cerradas y con las cortinas corridas. Hasta el domingo a la noche no volvían.

Julio tomó la autopista que bordeaba Buenos Aires para llegar a la Avenida General Paz, Luego Panamericana o Acceso Norte y así llegaron hasta el Tigre. Busco la costa del río Lujan y luego el estacionamiento del complejo náutico. Ingresó al estacionamiento indicando al cuidador “Soy el propietario del Sahún” ignorando que si le hubiera dicho “Soy el propietario del Titanic que se hundirá en su viaje inaugural” hubiera sido lo mismo.

El cuidador del estacionamiento a las 8.50 de la mañana tenía ya un litro de vino ingerido.

El cruce al complejo náutico fue el habitual. Una buseta como de la segunda guerra (por supuesto que afectada por los cañones aliados) los llevó hasta el otro lado del río adonde estaba amarrado el Sahún. Su velero de 31 pies.

Andrea en el viaje iba pensando que ya cambiarían de amarre en su momento. Este resultaba lo más económico que habían encontrado. Tenia sus problemas pero el dueño era uno solo, el personal servicial, y por sobre todas las cosas era ba..ra..to. Ella lo expresaba así. Para que pagar una cuota de ingreso a un club y casi dos veces lo que pagaban en el complejo para tener lo mismo. Cuando dominaran el barco y lo empezaran a utilizar socialmente verían que hacían.

Pusieron sus bolsos a bordo y subieron al Sahún. Abrieron las escotillas y tambuchos y ventilaron. Acomodaron la comida y demás cosas y encendiendo el motor salieron al río Luján. Julio lo navegaba con la sensación de ser el hermano menor de Cristóbal Colón. Se sentía un conquistador de millas y millas de agua. Fijó el duro objetivo de su derrota. Iba a ver ese arroyo del cual todos le hablaban.

Al llegar al Canal vinculación encaró a babor y lo comenzó a remontar. Pocos barcos pero de manera constante lo iban alcanzando. Porque Julio iba despacio para que lo vieran. Frente a el la constante eran los que iban rápido y con ola para que los vieran. En realidad todos miraban a todos para ver si los miraban. Julio que era muy atento a los gestos de las personas pensaba que en vez de Canal Vinculación se podría llamar Canal Miración.

Al llegar al Pajarito reconoció por los relatos que le había hecho sus vecinos de amarra la entrada en el dibujito que le habían confeccionado. Encaró y se pegó un susto pues al caer demasiado a babor le empezó a faltar agua. Un golpe de caña y acertó con el canal que esta pegado a los juncos de estribor. Con la misma velocidad ingreso al Pajarito y fue buscando un lugar adonde fondear. Lo hizo yendo hasta el fondo adonde esta la casa tan linda con su mirador y viendo que luego se tornaba agreste decidió volver hacia el lugar que ya tenia un par de barcos fondeados.

 

Tirando el ancla

Tal vez siguiendo la costumbre de los animales de reunirse para pastorear se acerco adonde estaban los demás. Cerca de la parrilla de don Gobbi.

La envió a Andrea a proa a tirar el ancla. Y empezó a darle recomendaciones. “Cuando te digo la tiras”. “No la vayas a tirar antes…” “Ojo tírala despacio y no rayes el costado y los bordes del barco…”. Andrea en silencio obedecía mientras iba levantando presión. Y mas presión con las siguientes ocho recomendaciones que Julio le hizo.

Andrea cumplió todas las recomendaciones mientras Julio le decía “muy bien…Muy bien” tal émulo del mencionado hermano menor del descubridor de América.

Sin embargo algo no había tenido en cuenta Julio. Lo que el no había contemplado era lo que se llama corriente. Pues Julio había fondeado presentando la popa a la corriente y ahora el barco, a todas vistas incluida la de Andrea, estaba derivando y tomando una posición que era más que inconveniente por la cercanía de un crucero que se encontraba fondeado y recostado contra los juncos de la orilla.

Julio levanto la tapa de un pañol y sacó un grampin plegable. Más bien era un pequeño ancla plegable. La armó y entregándosela a Andrea le dijo “yo voy a tirar del ancla de proa y vos tiras el grampin para alejarnos del crucero y que el viento no nos lleve sobre el”

Andrea asintió sin discutir y a sabiendas que no era el viento sino la corriente lo que los movía.

Julio, en la proa empezó a tirar del cabo, mientras daba nuevamente recomendaciones a Andrea “cuando te diga tírala cerca del crucero mas hacia la popa del mismo para que no nos acerquemos tanto al medio” “ojo no rayes los asientos” “cuidado no salpiques con agua los almohadones” “espera que te indique” “a ver prepárate… lista… no todavía no...” y así hasta que finalmente el le dijo “No hagas cagadas….”. Ese fue el detonante. Ni siquiera Andrea se pudo explicar como salio el pequeño ancla plegable volando de sus manos y penetró en el crucero atravesando la ventana de vidrio corredizo que la cabina tenia en la banda.

El ruido fue tremendo y el ruido de cosas rompiéndose adentro peor. Ellos se quedaron duros. Julio ni ató el ancla. Solo corrió hasta la popa adonde estaba Andrea. Al llegar no se animó ni a hablarle. Ambos miraban hacia el crucero en el cual seguían escuchándose cosas que se rompían y goteaban.

Pasaron unos segundo o minutos (nadie podría precisarlo) hasta que una mano salio apartando la cortina de la ventana rota y dejó el ancla enganchada como para ser retirada desde afuera. Vieron que una persona atravesaba el copick y se subía a un botecito que estaba en la popa del crucero. Tomándose con las manos, el sujeto que tenía el pelo ensortijado y largo y que vestía una camiseta a rayas verdes y celestes y unos shorts que no pegaban en absoluto, se deslizó por el costado del crucero hasta tomar el ancla plegable y la puso en el fondo del chichorro. Luego tirando del cabo que la unía al Sahún se fue acercando lentamente. Al estar cerca Julio y Andrea pudieron ver que calzaba unas sandalias unos cinco números más grandes que lo que correspondía a sus pies y era morrudo y de piernas cortas.

 

El visitante

Se acercó por la popa y sin decir palabra alguna subió al barco y les extendió el ancla plegable. Ellos la recibieron con bochorno y en igual silencio. El sujeto les dijo entonces “quiero agradecerles infinitamente. Ustedes rompieron el frasco en el que estaba guardado hace cinco mil años. Porque yo soy un genio al que malignamente hicieron encerrar en una botella y el golpe de su ancla me liberó de mi injusta prisión”. Julio y Andrea asintieron en silencio. El genio agregó “les estoy eternamente agradecido”. E hizo ademán de retirarse hacia el bote. Julio le dijo entonces “si usted es un genio entonces podemos pedirle nuestros deseos??”

El genio los miró y les dijo “Lo de ustedes con el ancla fue pura casualidad porque ni siquiera abrieron o tocaron la botella en la que yo estaba”.  Sin resignarse Andrea insistió “Pero es gracias a nosotros que esta libre y por ello nos corresponderían nuestros deseos”.

El genio dijo “visto de esta manera tal vez debo decir que algo de razón tiene usted” Concederé un deseo a cada uno. Pero nada mas que uno”. Guardando silencio lo miro a Julio Inquisitivamente.

Julio suspiro y empezó a transpirar y aclarándose la garganta le dijo al genio “Yo trabajo y trabajo pero no he hecho dinero en cantidad. Quiero ser realmente rico y tener dinero en cantidad y siempre”. El genio lo miró y le dijo “hoy es sábado. El lunes usted tendrá en la cuenta que ahora le daré el numero y que corresponde a un banco suizo un millón de dólares y eso será así todos los meses y por noventa y nueve años. Suficiente para usted y sus hijos”. Anote por favor y le dicto el numero de una cuenta y el nombre de un banco en Ginebra.

El genio ahora la miró a Andrea. Ella le dijo “yo soy maestra y desearía conseguir trabajo pero no lo hay para mi”. El genio le dijo “hoy es sábado pero el lunes usted será la dueña de cincuenta colegios en los que será directora y también profesora en cualquiera de ellos. Cobrara como dueña, directora y como maestra”.

La sonrisa que tenían respectivamente Andrea y Julio no entraba en un Beneteau. Ambos amagaron para acompañar al genio hasta el bote. Sin embargo este se quedó reflexionando por un momento. Y dijo “yo he satisfecho los deseos de ustedes… pero yo tengo también uno que ustedes pueden satisfacer…” Julio al instante dijo “dígame cual es por favor…”

El genio entonces continuó “Yo no deseo que usted tome a mal lo que le diré. Yo he estado cinco mil años dentro de una botella y realmente han sido duros. En todo este tiempo jamás he estado con una mujer. Y me gustaría que si usted lo permite yo pudiera estar dos horas con su esposa. En el crucero. Porque el dueño se fue en una lancha y hasta dentro de cuatro horas no vuelve de pescar en el Paraná” Julio no podía creer lo que escuchaba. Le era increíble la petición. Sin embargo con fineza le dijo. “usted nos pide demasiado”.

El genio les contestó entonces “yo he concedido los deseos a ustedes pero ellos se ejecutarán el lunes. Antes puedo revocarlos sin faltar a mi misión de genio”.

Julio y Andrea se miraron y el le dijo “Andrea… vos decidís. No es necesario pero vos decidís”. Andrea con su semblante crispado dijo “esto cambia nuestra vida en todo sentido”.

Andrea se encaminó hacia la popa de su barco y con movimiento hábil se subió al chichorro. El genio la siguió y por el solo influjo de la corriente el botecito se acerco al crucero al cual subieron Andrea en primer termino y luego el genio. Ambos desparecieron en la cabina.

Julio se quedó sentado en el copick.  Pensaba en si iba a cambiar la relación entre el y Andrea. También se decía que con un millón de dólares por mes no tendría problema en pagar un buen analista que le ayudara con el tema y que tal vez en un par de meses todo estaría en orden.

Mientras sus pensamientos estaban es esto el crucero rolaba. En el camarote de proa del crucero el  genio y Andrea probaban todo tipo de posiciones  y cuanta rutina sexual pudiera ser imaginada. Andrea iba en orgasmo tras orgasmo.

En el velero Julio seguía pensando que sería de sus vidas atento el cambio que desde el lunes habría. El velero estaba a treinta metros del crucero porque suavemente garreaba. Pero Julio ni pensaba en eso

Finalmente luego de unas tres horas Andrea y el genio, agitados aún, reposaban en la cucheta del camarote de proa. Ambos fumaban un cigarrillo. En un momento Andrea dijo “Lo que no puedo creer es que el lunes tendré cincuenta colegios, y seré la dueña y directora…”. El genio luego de escucharla le pregunto “¿que edad tienen tu marido y vos?  Andrea le respondió “Julio treinta y cuatro años y yo veintiséis”. Y la respuesta que escuchó la dejó petrificada : “Lo que yo no puedo creer es que a los treinta y cuatro y veintiséis años, tu marido y vos, todavía crean en los genios”.