LA ISLA - Pepe Fuera de Borda

LA ISLA

                                                                           por   Pepe Fuera de Borda

EL MEDIO DIA DEL VIERNES

Nos encontramos con Gloria a las 11 de la mañana. Ella estaba en finales de su matrimonio. Una pareja de amigos comunes nos presentaron. Presentaron es una manera de decir,  porque en realidad me dieron el numero de teléfono de Gloria y en una corta conversación Gloria estuvo de acuerdo en encontrarnos. La reconocí pues me había dicho 29 años, morocha y alta. Así fue. Tal como se había descrito a si misma. Es mas, a sus cualidades le agregaría modesta pues era bellísima. Empezamos caminando y al rato estábamos en un restaurante. Disfrutamos de la comida  y luego también caminando nos fuimos acercando para mi departamento. Luego de cinco años de matrimonio Gloria podía decir que no era feliz. Que lo había sido,  pero ya no.

Durante largos minutos escuche todos los motivos que hacían que el matrimonio de Gloria no fuera mas según Gloria misma. Incluyendo el relato de cuando sorprendió a su marido y a su mejor amiga al regresar a su casa de improviso y fuera de horario. Todavía convivía con su marido pero ya estaban presentando los papeles de divorcio.

 

 LA NOCHE DEL VIERNES

 Era un viernes en la noche. Había terminado mis tareas profesionales. Ser ingeniero y tener el estudio en casa era una gran ventaja. Me había dado un baño caliente y en mi auto iba camino al club. Las 20 horas. Por la radio sonaba Gal Costa  con fondos de violines. Este era un fin de semana que había destinado a mí. Sin mujeres. Habían sido demasiadas en la semana. El auto recorría la avenida del Libertador. No podía evitar mirar a los autos vecinos cuando nos deteníamos en el semáforo. Y si quien lo conducía era una mujer y estaba sola tampoco podía evitar una sonrisa. Fémina-adicción me había dicho un amigo. Mas tienes  más quieres. Lo de hoy mucho no me preocupaba. Al medio día  ya en mi departamento Con Gloria habíamos empezado a acariciarnos y en momentos nomás estábamos en la cama en el dormitorio. Ella muy nerviosa. Ansiosa diría, con mezcla de culpa. Yo me puse contagié los nervios de ella y no conseguí tener una erección. Pese a intentar concentrarme en Gloria no pude. Finalmente recurrí a otros métodos  para que Gloria quedara satisfecha y lo fue. A la 14.30 se había ido para su casa. El marido, aún en tramite de divorcio y habiéndola engañado, le exigía conducta.

Ya iba llegando al club. El hombre de prefectura en la entrada me reconoció y me levanto la barrera para que pudiera entrar. Estacioné el auto y baje cerrando el auto con llave. Nadie iba a tocar nada pero no podía evitarlo. El aire ya era otro. Plantas, flores y la suave brisa que traía el ruido del agua del Río de la Plata pegando en las defensas de cemento del canal de ingreso al club. Camine los cuarenta metros por la marina y subí por la popa a mi barco.

Me colé por la carpa y abrí la escotilla. Conecte un calefactor. Me desvestí y me fui a dormir temprano no sin antes poner el despertador a las 8 horas.

LA MAÑANA DEL SABADO 

Me desperté y luego de unos mates, retiré la carpa  y deje al barco recibiendo los rayos del sol y eliminando la humedad de la semana. Me fui para el auto y Salí del club.

Me dirigí al Súper de la Avenida Libertador. El viaje lo disfrute porque estábamos en pleno noviembre. Sin apuro, ni me había preocupado por alimentos el día anterior- iba a proveerme de la comida para este fin de semana. El viento calido que entraba por las ventanillas del auto me daba en la cara como si fuera ciñendo. Llegue al súper y estacione. Entre y empujando el carrito empecé a colocar lo que necesitaba. Como soy muy prolijo iba tachando en mi listita lo que ponía en el carrito así que en minutos todo estaba hecho y tome el rumbo (que otra cosa puede hacer un náutico)  para una caja que estaba libre. Interesante la cajera pero bueno,  paremos la mano!!

La cajera comienza a pasar por la lectora de código de barras los productos. Se detiene y mirándome mientras deja escapar una sonrisa me dice “¿Por lo visto usted navega… no?”

Me sorprende la pregunta “Si, ¿como te diste cuenta?” le digo tuteándola. Cosa que me parece lógica desde los 35 años que tengo y llevándole quince. “Porque usted lleva el desengrasador que llevan todos los náuticos. El que tiene limón. Las amas de casa no llevan este aquí. Son los dueños de los barcos.”. Esta vez le sonrío yo y  a mi vez y le pregunto “¿Y vos no navegas?” Ella ladea su cabeza hacia un lado y sonriendo dice.. “Y… si me invitan …navego...”.  Y agrega “el martes es mi próximo día libre…”

“ Mirá …” le contesto, “yo navego los martes solo o con amigos así que si queres este martes vamos a navegar”. Y le agrego “dame tu celular”. Me indica que no tiene y acordamos me esperará junto al quiosco de diarios que esta en la puerta del supermercado el martes a las 9.30 horas. Antes de irme y ante la mirada horrorizada de la señora paqueta que espera atrás mío me entero que su nombre es Mariela.

 EL MARTES

A las 10 de la mañana estoy liberando las amarras del Cormorán. Casi no puedo articular palabra. Cuando llegue al quiosco lugar de encuentro con el auto Mariela me estaba esperando. Como engañan los uniformes de supermercado. Un cuerpo impresionante y metro setenta que sentada atrás de la caja no se adivinaba, la han convetido en lo máximo que ha subido al Cormorán.

Dentro de lo que puedo ir conversando mientras vamos de viaje hacia el barco y salimos de la amarra ella me relata que vive sola, que tomo este trabajo de cajera temporalmente y que le contaron que hay una isla nueva que se esta formando un poco mas allá de la boya A en cruce del mitre. Inmediatamente le digo “vamos a Conocerla “. Algo de esta isla leí en el foro de Seguridad, pero no sabía que estaba por ahí. La verdad es que no preste atención a la ubicación de la isla.

Salimos y rumbeamos pilote 7. Mariela junto a mí charlando. Si mi impresión era buena cuando subió al auto,  cuando el sol comenzó a apretar y Mariela se quedó en bikini fue mejor. Ni hablar cuando preguntándome si no me molestaba se quito la parte superior de su malla y recostada en la bancada siguió tomando sol. . Si con Gloria me puse nervioso con Mariela me pongo ansioso y el deseo me provoca una erección que no trato de disimular. Ella lo advierte y se sonríe.  Cruzamos el refulado

Sopresivamente comienza a verse una sombra sobre el río, en el horizonte a rumbo 90 tal como para Colonia. Era cierto. Ahora además de tener una isla nueva para ir a Colonia la vamos a tener que esquivar. Yo hacia como seis meses que no iba a Colonia. La isla esta ahí. Voy mirando atentamente la sonda aunque faltan como 4 millas y bajo la mayor siguiendo solo con Genoa. El piloto automatico me permite ira a buscar los prismaticos y con ellos estudio la sombra que ahora es una silueta.

Vamos acercandonos. Mariela me dice “un dueño de barco me dijo que la entrada esta por un costado” Rodeo por el norte la isla  y veo una entrada en un punto y al fondo un muelle. Ella me indica –con un buen razonamiento- que si hay un muelle debe haber agua y un canal. Acercandome con cuidado veo una serie de pequeñas boyas que indican un canal. Con prevencion avanzo lentamente mientras miro la sonda. Hay mas de tres metros. Ingreso en el canal y en el interior de la isla. Encontramos un  muelle y un bote. Un bote tomado al muelle. Realmente un microclima reparado.

Le indico que no habia hablado con nadie de la isla e ignoraba que estuviera con gente.  Le pregunto si sabe quien estará con el bote y me dice que no cree que haya nadie pero que habría que ver.

Llegamos al muelle despaciosamente amarro y bajamos a conocer la isla que tiene arbustos y juncos solamente. Evidentemente no hay nadie en la isla pues en quince minutos la hemos recorrido en su totalidad.

Mis amigos me cargan cuando digo “Esto es el Caribe!!” Y la verdad me siento en el caribe. Arbustos, El viento del Río de la Plata, arena que realmente me sorprende para lo que normalmente es nuestro rió marrón y de barro. Y Mariela que sigue sin su parte superior de la malla.

Para esto son las 13.30 horas y comemos unos fideos con salsa que son una delicia, lavamos los platos y tomando un café en el sillón de la cabina. Terminamos haciendo el amor en la conejera de popa.

DESPERTANDO

Cuando despierto busco a Mariela con la mirada. No la veo. Me lavo la cara y miro el reloj y veo que son las 16 horas. Debe estar afuera. Me asomo y veo el corpiño de su malla en un rincón de la bancada. Pego un salto al muelle y no la veo. Decido recorrer el contorno de la isla y así lo hago luego de colocarme unas zapatillas. Al llegar a la cara que da sobre Buenos Aires veo entre la isla y la ciudad un bote a 1500 metros de la isla. Todo me dice que  en el va remando Mariela. Sigo mi recorrido y regreso luego de dar toda la vuelta a la isla al Cormorán. Miro y compruebo que el bote que estaba junto al muelle cuando llegamos ya no esta. Evidentemente era Mariela. Bueno, al fin y al cabo no era muy normal para lo normal de las chicas.  

Otra mina con problemas

Me subí al Cormorán y encare el canal y sin problemas Salí al rió. Allá a lo lejos Mariela remanado en el bote.

Rodeo la isla y apunto a Buenos Aires. Allá a lo lejos Mariela remando en el bote.

Mina loca. Porque esta mina ya no es que tenga problemas. Está chapita. Tal vez hasta la iba a putear cuando cruzara el mitre y la encontrara. Ella a remo y yo en el en el barco seguro que la iba a poder putear. Loca de mierda.

Fijo rumbo para la boya A y la silueta de Buenos Aires se empieza a agrandar. Voy con vela y motor. En un momento bajo mi vista para  mirar la ecosonda y al levantarla no puedo evitar sorprenderme. A mi proa ya no esta Buenos Aires. Tengo nuevamente la isla  que he dejado a mi popa hace escasos 30 minutos.

Soy un tipo perseverante ya partí ocho veces de la isla. Tres de noche y cinco de día. Tome el rumbo que tome siempre me vuelve a aparecer la isla que he dejado por popa en la proa del Cormorán.

 INFORME DE PREFECTURA

 INFORME FINAL SUMARIO SISI 287/02  “El sumariante Oficial Principal, Jorge González, legajo 34549 eleva a Dirección  General Sumarios Edificio Guardacostas acompañando las constancias obrantes en el cuerpo y exponiendo sus conclusiones: No existe explicación cierta para la ausencia de tripulantes a bordo del velero Cormorán propiedad de Julio Ardoqui. Las condiciones climáticas han sido buenas a muy buenas entre la partida de su amarra y el momento en que fue localizado. Dos días después de abandonar el Cormorán la amarra de su club el Náutico Noreste la institución notifico a esta dependencia de su no retorno iniciándose un proceso de búsqueda que permitió recién luego de veinte días hallar a la embarcación  navegando a vela a la altura de la boya B en franco ingreso hacia buenos aires.

El sumariante destaca que las pericias indican también el velero se encontraba en perfecto estado y se supondría la presencia de una mujer entre la tripulación en tanto y cuanto se hallo parte superior de una malla de baño femenina de dos piezas en cubierta.. Sin embargo destaca que esto seria una mera especulación. El velero se encontraba en perfecto estado y de las pericias efectuadas se estimaría inhabitado desde hace dos semanas. De los llamados efectuados al domicilio particular del Sr Ardoqui no ha habido respuesta. Personal de esta dependencia que se ha presentado personalmente en dicho domicilio y recabado información a vecinos y encargado no han obtenido información sobre adonde podría encontrarse Julio Ardoqui el propietario de la embarcación Cormorán”. Se ha informado al Señor Juez obrante Juzgado 6 de la Juridiccion de San Isidro a fin de autorice el eventual allanamiento del departamento adonde habita el Sr. Ardoqui dado que se estima el mismo carece de familiares.

EL QUIOSCO

 

“Si señor, tenemos Bienvenido a Bordo... por lo que veo usted navega…” . El Roberto, tostado por el sol, buen físico y con anteojos negros,  levanto la vista y se sorprendió de la jovencita rubia que le dirigía la palabra. Esbozó una generosa sonrisa y asintió con la cabeza. Su sorpresa se hizo entusiasmo cuando la vendedora de diarios agregó “… a mi me encanta navegar”. Roberto le entregó el dinero por la revista y se animó, despaciosamente, como para que no escuchara el pibe que a diez metros voceaba   los diarios, diciéndole un “Si te gusta navegar te invito…”. Mariela sonrió y con su cabeza asintió. Ahora trabajaba  en el quiosco de diarios. También era un trabajo temporal.