DESPACHANDO A COLONIA

DESPACHANDO A COLONIA
Por Pepe Fuera de Borda

DIA VIERNES San Isidro 21.45 horas

Estábamos ya sobre la calle Primera Junta. En mi auto íbamos Julio y yo. El era arquitecto, y estábamos yendo a hacer el despacho de mi barco para un viaje a Colonia. Ya estábamos muy cerca de la Prefectura de San Isidro. Quince días antes habíamos salido con un semirrigido de casi cinco metros a dar una vuelta por el río cuando al cruzar frente a la Farola de San Isidro en la punta del Camino de la Escollera nos empezaron a hacer frenéticas señas desde la escollera y la misma farola. Nos acercamos y era porque dos jóvenes se estabas ahogando. Muy rápido levantamos a uno de ellos pero el segundo nos costo una enormidad subirlo al bote. Era como si estuviera atrapado por el río. Una mujer gritaba todo el tiempo “Monterito ! Monterito !” que supongo seria el sobrenombre de alguno de estos chicos. Tanta fuerza hice para subir al segundo joven a bordo del bote que tuve como un desgarro que aún me dolía. Habíamos venido charlando con Julio de este episodio y de mis dolores en el brazo y las costillas. Julio decía tiempo y reposo. Sin embargo nos íbamos para Colonia así que reposo … nada.

Encaré la subida de ingreso a la Prefectura. El portón ya estaba cerrado. Igualmente siempre el despacho es en la guardia. Así que estacione el auto y me baje con los papeles y los documentos de toda la tripulación. Encaré la ventana corrediza y estaba a dos pasos de ella cuando se abrió y un suboficial chiquito y morocho muy sonriente me disparó “Buenas noches …señor. ¿Para despachar?” . En el escritorio más al fondo otro suboficial gordito tecleaba en una computadora. El suboficial simpático me recibió los papeles, cotejo los documentos y el certificado de elementos de seguridad y selló el despacho, puso su firma a la vez que extendiéndome todo junto me dijo “¿Y van a salir pese a la tormenta?”. Me dejó sorprendido porque el pronóstico era de bueno para mejor. Cuando le comenté esto me dijo “Es un modo de decir …uno nunca sabe como viene el tiempo…”. Le agradecí y regresando al auto, lo puse en marcha y retomamos camino para nuestro club en San Fernando.

San Fernando 22,15 horas

Tirando el Ancla por Pepe Fuera de Borda

Tirando el Ancla

                                                   Por Pepe Fuera de Borda

 

La partida

Julio Rojo se había dado el gusto. Desde hacia dos meses tenía un velero con el que estaba contento. No esperaba más que placer en la salida de ese fin de semana. Era un sábado en la mañana. Las ocho de la mañana y Julio cargaba las últimas cosas en baúl del auto. Todo listo para ir hacia su velero que estaba amarrado en ese amarre privado que con tan buen precio  había conseguido.

Andrea era la esposa de Julio Rojo. Ella lo había impulsado a comprar ese nuevo velero reemplazando el anterior. En realidad Andrea siempre impulsaba a Julio. Ella era el verdadero artífice del éxito económico que ambos obtenían. Julio el ejecutor de los planes de Andrea. Y Andrea disfrutaba del éxito de ambos. Andrea se acercó al auto en el que ya Julio se encontraba con el motor en marcha. Cerró la puerta luego de sentarse y se colocó el cinturón de seguridad.

El portón eléctrico de la casa hizo su sonido de aviso y simultáneamente se empezó a levantar. El auto salió a la calle y el portón bajo lenta pero pesadamente hasta cerrarse. Andrea verificó mientras el auto se movía lentamente que las ventanas del frente estuvieran cerradas y con las cortinas corridas. Hasta el domingo a la noche no volvían.

Julio tomó la autopista que bordeaba Buenos Aires para llegar a la Avenida General Paz, Luego Panamericana o Acceso Norte y así llegaron hasta el Tigre. Busco la costa del río Lujan y luego el estacionamiento del complejo náutico. Ingresó al estacionamiento indicando al cuidador “Soy el propietario del Sahún” ignorando que si le hubiera dicho “Soy el propietario del Titanic que se hundirá en su viaje inaugural” hubiera sido lo mismo.

LA ISLA - Pepe Fuera de Borda

LA ISLA

                                                                           por   Pepe Fuera de Borda

EL MEDIO DIA DEL VIERNES

Nos encontramos con Gloria a las 11 de la mañana. Ella estaba en finales de su matrimonio. Una pareja de amigos comunes nos presentaron. Presentaron es una manera de decir,  porque en realidad me dieron el numero de teléfono de Gloria y en una corta conversación Gloria estuvo de acuerdo en encontrarnos. La reconocí pues me había dicho 29 años, morocha y alta. Así fue. Tal como se había descrito a si misma. Es mas, a sus cualidades le agregaría modesta pues era bellísima. Empezamos caminando y al rato estábamos en un restaurante. Disfrutamos de la comida  y luego también caminando nos fuimos acercando para mi departamento. Luego de cinco años de matrimonio Gloria podía decir que no era feliz. Que lo había sido,  pero ya no.

Durante largos minutos escuche todos los motivos que hacían que el matrimonio de Gloria no fuera mas según Gloria misma. Incluyendo el relato de cuando sorprendió a su marido y a su mejor amiga al regresar a su casa de improviso y fuera de horario. Todavía convivía con su marido pero ya estaban presentando los papeles de divorcio.

Gareteando - Pepe Fuera de Borda

Gareteando                          Por Pepe Fuera de Borda

Cuando le dije a Julio mi amigo de ir a pescar se entusiasmó. El es zapatero. Un zapatero remendón con su local en Villa Urquiza. El entusiasmo fue increíble. Hasta decidió no abrir su negocio el sábado por la mañana para estar junto a mí pescando en el Paraná. Julio es uruguayo. Uruguayo de Carmelo y lleva al río en la sangre. Nos embarcamos en mi lancha. Poderosa con sus cinco metro y sesenta centímetros de eslora y su motor de 140 caballos. Salimos de Tigre a las 6 de la mañana y rumbeamos por el Lujan, el Arias y por el Paraná hasta Zarate. Antes del puente apagamos el motor y empezamos a garetear por los pesqueros de la zona. Eran las 8 y treinta y sacamos el primer pejerrey. Diría que fue el único pejerrey que se arrojo contra nosotros ya que alrededor nuestro nadie, pero nadie, sacaba nada. Dos horas estuvimos así hasta que nos fuimos para el lado de Campana. Antes de Campana hay una zona en una

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