Finalista: La Encrucijada - Christian Eduardo Nutz de la Calle


La encrucijada

Christian Eduardo Nutz de la Calle  (Alemania)

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El ventanuco de la buhardilla se abrió de golpe y un viento salvaje se introdujo con furia en la minúscula estancia, ahuyentando de un manotazo etéreo el olor a encierro y enfermedad.
Martín se liberó de su letargo, única vía de escape posible para poder evadirse por algunas horas de la cárcel en la que su familia lo había recluido como un trasto viejo y relegado al olvido. Con cada ráfaga de aire que penetraba en su soledad recobraba las fuerzas de forma inusitada, hasta que logró por fin emerger entre el amasijo de mantas y almohadas, odiado símbolo de su dolencia, que lo aprisionaban ahogándolo en el sopor que roía su voluntad.
Con la espalda apoyada en la pared esperó unos instantes a que su respiración se calmase. Percibió los agudos chillidos de las gaviotas que le llegaban distantes, engullidos por el frenético ulular del viento. Sabía con certeza que apenas hubiese amanecido irían a por él; a llevarlo a una aburrida residencia de ancianos lejos de la costa, lejos de su mar; a él, pescador de toda la vida, a quien su padre le había enseñado el oficio al mismo tiempo que aprendía a caminar o a hablar; el oficio que contra viento y marea él había ejercido hasta que hacía unos meses el peso de los años y el reuma le habían ganado la partida
Su encierro impuesto por su familia y alejado de su elemento lo habían convertido en un ser huraño que rehuía hasta la voz de sus monólogos. Con el tiempo dejó de comunicarse con los suyos, incluso con Sara, su sobrina, la única que se había opuesto a que al tío lo recluyesen en un asilo. En efecto, Martín era un problema incómodo que se resolvería sin duda al día siguiente.
Desde su posición ya erguida pudo divisar una franja más oscura que el firmamento nocturno: el mar. Mientras emergía a su conciencia la certidumbre de que en pocas horas dejaría de verlo, una idea, un relámpago luminoso alumbró su mente y cobró vida. Comprobó la movilidad de sus piernas y, aliviado, descubrió que le obedecían.
Se alzó y aguardó un momento hasta que la sensación mareo lo abandonó. Temeroso dio un par de pasos vacilantes apoyándose en los muebles que encontraba a su paso. Con cada movimiento ganaba cada vez  más seguridad. Finalmente, cuando se acostumbró otra vez al sentido de equilibrio, se dirigió al armario y extrajo una camisa de franela a cuadros y un raído pantalón de pana. Una vez vestido, con esfuerzo y torpeza, se acercó a la puerta y tomó del perchero su viejo impermeable amarillo. Se percató de que en su bolsillo todavía se hallaban la brújula, su cuchillo para cortar redes y una linterna. Antes de abandonar la buhardilla echó un rápido vistazo. Había despertado contra todo pronóstico de una pesadilla que parecía no tener fin.  Descendió la escalera que crujía bajo su peso con las botas de goma en la mano. Preso de la emoción y no exento de miedo, sólo escuchaba el retumbar de sus propios latidos y el jadeo de su respiración. Temía que alguno de los suyos despertará y lo obligarán a regresar de nuevo a su encierro. Le pareció que había transcurrido una eternidad hasta que alcanzó la puerta de la calle, que se abrió con un leve chirrido al franquearle el paso. Ya fuera se calzó las botas y desapareció devorado por las  aún espesas sombras de la noche.
 
*****

Un impacto de aire lo saludó. Sus pulmones tosieron y sus ojos lloraron  congestionados por tanto soplo de vida. Sintió renacer una alegría infantil en sus entrañas. Martín absorbía ávido el aire conforme descendía ligero por los callejones empinados que lo conducían hacia el mar. Sobre el asfalto mojado se reflejaba la luna y el viento había dejado de ser un espectro colérico para transformarse en una leve brisa, apacible y amiga. Cuando al doblar la última esquina se topó de improviso con el puerto, tuvo que detenerse y apoyarse en una pared para contemplar con ojos brillantes las guirnaldas de luces que adornaban las instalaciones navales, y la multitud de barcos que se mecían tranquilos sobre las aguas de la rada. Caminó despacio por la explanada que desembocaba en el muelle. Buscó con la mirada su embarcación, un pequeño bote provisto de motor que durante su enfermedad sólo se había utilizado para pasear a los turistas por las costas cercanas. Lo encontró empotrado entre dos navíos pesqueros. Allí estaba su entrañable compañero, como siempre, pintado de azul claro y con esos dos ojos rojos en la proa que ahora lo saludaban  arrojándole un guiño de fuego. Martín se arrodillo junto a la embarcación y acarició con su mano rugosa los costados del bote.

--¿ Y, mi viejo amigo...Me echaste de menos?...En verdad los dos estamos apañados:  listos para el desguace, pero tú tienes al menos el consuelo del vaivén de las olas.... Yo ni eso... -- y añadió con voz alegre, -- Pero ven...El mar nos espera...Como en los viejos tiempos.

Martín subió a la barcaza. A continuación comprobó el estado del motor y la cantidad de carburante en el depósito. Estaba lleno. Tuvo que utilizar su cuchillo para liberar al bote. El nudo de la cuerda era imposible de deshacer debido a la humedad. Con un suspiro de satisfacción se sentó en la embarcación y tiró con pericia de la correa del motor: arrancó a la primera con un ronroneo seco que asustó al silencio de la noche. Tomó el timón y dirigió la pequeña embarcación hacía la salida del puerto.  Al rebasar el último tramo del espolón se tropezó con la mirada estupefacta del vigilante, que asombrado y borracho de sueño lo enfocaba con su linterna.

-- ¡No te asustes Emilio!...¡ Todavía no soy un fantasma!...¡ Sólo Martín que vuelve de nuevo al mar!... ¡ Vuélvete a tu garita y tómate un trago a mi salud! -- le gritó Martín a carcajadas.

*****

El pueblo y el puerto se perdieron lentamente a sus espaldas. Una tenue llovizna comenzó a escurrirse sobre el mar. La claridad aumentaba por instantes y Martín se caló la capucha de su viejo impermeable. Cuando consideró que ya se había alejado lo suficiente paró el motor, decido a saborear su último día al que la noche iba dejando paso. El mar semejaba un camaleón caprichoso que cambiaba por momentos de color y de ánimo. Un manto de azul cobalto se extendía ante sus ojos; pero el sol luchaba con denuedo por traspasar el cielo anubarrado. Sus rayos lograron perforar la membrana de nubes incoloras y arañar la superficie de las aguas, creando islas luminosas de verde esmeralda.
El mar respiraba. Era un dios, o tal vez una diosa a la que al mismo tiempo se ama y se teme. Si alguna vez se había sentido libre y feliz había sido aquí, sobre sus aguas.
Las olas mecían a Martín y a su bote. Perdió la noción del tiempo mientras observaba los valles grises, las colinas soleadas, los bosques de espuma que el mar con su eterna danza dibujaba para su deleite sobre la superficie.
No supo si habían transcurrido horas o minutos, cuando de repente sus ojos registraron una sombra grisácea que se deslizó a escasos metros de la embarcación. Aunque su vista ya no era muy aguda, descubrió el perfil de una aleta que trazaba círculos no lejos del bote. Era Barrabas. Así había apodado a ese tiburón tigre que desde hacía innumerables años frecuentaba la zona. Ambos habían envejecido con el transcurso del tiempo. A pesar de su elegancia y gracia, Barrabas ya no era tan rápido. Tarde o temprano acabaría en las redes de un pesquero o a lo sumo devorado por sus congéneres, cuando la vigorosa imagen de su estampa hubiese declinado. Martín no le quitaba el ojo de encima y tanteó tranquilo en el fondo del bote en busca de su  arpón. Pero Barrabas, después trazar un par de vueltas, se alejó por otros derroteros. Más que odio era una rivalidad lo que les unía. Se evitaban pero no se temían. Algunas veces el tiburón se había acercado demasiado a su embarcación y en otras ocasiones había sido Martín quien había provocado al pez persiguiéndolo con su bote.
El viejo pescador comenzó a remar con ahínco. Sonrió. Todavía se acordaba de las incontables regatas en las que había participado.
Se pasó todo el día escudriñando el mar, el cielo y las nubes... A veces remaba, otras encendía el motor, hasta que lo volvía a parar y contemplaba su entorno. Recordó y bebió sorbo a sorbo sus años junto al mar. Era feliz. El tiempo transcurrió en un vuelo. Al atardecer la angustia lo volvió a envolver con su manto de pesadumbre. Sabía que pronto tendría que regresar.. Y luego, qué.

*****

La tarde declinaba y Martín enfiló el bote hacia la rada del puerto. Lenta y triste entre muros grises de olas empenachadas de espuma la embarcación lo dirigía hacia su lúgubre destino: un amanecer sin mañana y sin mar. Hundido en negros pensamientos, Martín advirtió cómo una aleta siniestra que cortaba la superficie del mar se acercaba rauda a su embarcación. Martín aumentó la velocidad y  Barrabas aceptó el desafió. Parecía como si el tiburón comprendiese que Martín abandonaba para siempre su mundo marino. La maciza cabeza del animal sobresalió de las aguas para fijarlo con ojos acuosos e inexpresivos. Con los cabellos agitados por el viento y un extraño fulgor en la mirada, los labios del viejo pescador deshojaron una sonrisa enigmática y con un movimiento brusco del timón abalanzó el bote sobre el tiburón. Martín, rápido como el rayo, agarró el arpón con las dos manos y lo clavó en los lomos del escualo. Barrabas, herido de muerte y agonizando, logró con un último impulsó arrojarse sobre el bote. La embarcación comenzó a hundirse en las aguas.  Martín, que aguardaba la envestida de Barrabas con el cuchillo en la mano, resbaló lentamente hacia las fauces abiertas del tiburón.  Mientras Barrabas lo atrapaba entre sus mandíbulas, el viejo pescador cosía a cuchillazos el morro del animal. Abrazados en un remolino de sangre y espuma  desparecieron sepultados bajo las aguas para descender ya sin vida hacia las profundidades silenciosas. 
Dos destinos siempre paralelos habían encontrado por fin su encrucijada. Una encrucijada que se convertiría con el tiempo en el origen de numerosas historias y en el comienzo de una célebre leyenda entre los pescadores de la zona.

 

Finalista - Mundos diferentes - Darío Rubén Pinus


Mundos diferentes

Darío Rubén Pinus (Honduras)

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El sol radiante de aquel día hermoseaba la costa que era continuamente acariciada por las cálidas aguas caribeñas. ¡Hermoso día! Aproveché en deleitarme con las caricias del agua y su espuma, sumergirme entre los cabellos del mar y embriagarme entre sus olas. Vivir en el mar es lo mejor que me ha podido ocurrir. De hecho, lo primero que Dios creó es el mar y sus habitantes, los “monstruos marinos”.
Ese día fue muy especial. Mi rutina era zambullirme, empaparme, jugar con las olas y saltar entre ellas dejándome arrastrar por su mano que me empujaba hacia la orilla. Pero, en el juego, no me dejaba vencer; volvía tras ellas invitándolas a participar de un reto divino de amor; pues sus roces eran caricias y mi deleite estaba en sentirlas en todo mi cuerpo permitiendo que su espuma hciera nido en mi piel.
Mi día brilló aún más cuando me encontré con ella. Nunca supe sus años, no los pude calcular. Sólo recuerdo sus grandes ojos, tan claros y tan bellos como la luna reflejada en una noche clara de mar. Ella sólo me miró y sonrió. Yo, con cierta vergüenza, sólo atiné a zambullirme y nadar fuertemente, como mostrándole orgullosamente mi destreza. Giré unos segundos para mirarla, y vi que ella me observaba atentamente. Me detuve. Ella sonrió y aplaudió mi destreza. Me zambullí nuevamente sintiendo a mi corazón palpitando fuertemente.  Extraña emoción, nunca antes la había sentido. Sus ojos, su mirada, su sonrisa y su figura recortada por la luz del sol hicieron saltar mi corazón. Tuve grandes deseos de ir hacia ella, acariciarla, sentir su mano sobre mí y oir su voz, su suave sonrisa…pero no me animaba. Extraños sentimientos se habían despertado dentro de mí.
Metí mi cabeza al agua y me zambullí nuevamente disponiéndome a nadar fuertemente hacia ella y expresarle lo que estaba sintiendo, lo que su presencia estaba significando para mi. Así lo hice, nadé y nadé con todas mis fuerzas, salté las olas y llegué hasta el lugar donde estaba ella; pero...su figura ya no estaba. Me detuve y me incorporé. La busqué desesperadamente, pero fue inutil… se había ido.
“¡Oh, no! ¿Por qué actué tan tontamente? ¿Por qué esa vergüenza? ¿Dónde están esos ojos? ¿Volveré a escuchar su risa?”, fueron mis pensamientos.

Sin embargo tuve la intución de que volvería y si eso ocurría no dejaría pasar la oportunidad, de por lo menos sentir su presencia cerca de mí.

Pasó otro día; tan bello como el anterior. El sol parecía abrir sus brazos para invitarnos a gozarnos de una nujeva jornada del Creador.  Nuevamente fui a las olas, mis viejas amigas de siempre. Esta vez estaban muy activas, muy juguetonas. Y yo las disfruto.
Algo que también siempre he disfrutado (y lo hago con mis amigos) es nadar al lado de un bote, siguiendo su carrera. Es para mi un gran placer nadar y nadar haciendo carreras a los botes y todo barco que pase. Con mis amigos hacemos la apuesta y ver quién pasa a tal barco, ¡cuánto más grande mejor! Y nos divierte ver a los pasajeros que nos miran sorpendidos de nuestra velocidad y cómo nadamos velozmente. Muchos nos miran incrédulos, quizás sin saber que mis amigos  y yo pertenecemos al mar, nuestra vida es el mar y la disfutamos a pleno.

Mis padres me enseñaron muchas cosas; mamá no me dejaba un instante solo y de ella aprendí mucho. Era una excelente nadadora, y aún lo sigue siendo, aunque ya los años la han agotado. Papá también era muy bueno y aprendí mucho de él; lamentablemente falleció en un accidente después de una gran tormenta marina. Fue socorrido por unos pezcadores pero fue tarde, no sobrevivió. Esa historia no me gusta recordar. Sólo me queda el recuerdo de su figura, su firmeza y valentía. Me enseñó los valores morales, el respeto, la paciencia, el amor… todo lo que él era.

Mi carrera a la par del barco me hacía sentir orgulloso; me divertía ver las caras de las personas asomadas, gente de distintas formas que no es común ver en estos lados. Hay quienes observan detendidamente lo que hago, y yo aprovecho para dar mi mejor salto de natación. Mis amigos me gritan del otro lado con alegría. Oigo silbidos, risas, aplausos.  Aproveché de dar mi espectáculo haciendo lo mejor que se hacer: nadar de espaldas. Nuevamente oigo aplausos, risas, comentarios… y …una risa conocida, un aplauso conocido…¡No lo podía creer! ¡Ella nuevamente! Mi corazón volvió a saltar, todo mi ser palpitaba en un solo ritmo. Esta vez no la perdería, pero mis nervios me jugaron una mala pasada, y perdí el equilibrio hundiéndome al mar. Salí rápidamente a flote y veo al barco alejarse cada vez más y más. Traté de incorporame y alcanzo a divisar su mano agitándose, saludándome. Mis amigos se volvieron hacia mí preguntándome qué me sucedía. Quedé en silencio. No lo entenderían. Sólo me zambullí y empecé a nadar fuertemente hacia el barco. Quería verla, sentirla. Mis amigos me llamaban a gritos, no entendían. Yo sólo seguí nadando cada vez más fuerte hasta sentir que me agotaba. Finalmente llegué y de mi garganta emití un fuerte sonido que por el agotamiento no pude decir algo entendible, pero quería que ella supiera que yo estaba allí. De pronto sus pies salieron del barco, pies blancos, finos, bellos como nunca antes había visto. Su piel blanca parecía transparente a través del sol, sus cabellos claros, largos acariciaban su bello cuerpo… y su voz… ¡qué dulce voz! Sonaba como música a mis oidos; oìdos acostumbrados al sonido del mar, pero la de ella era algo más que musical. Traté de incorporarme, aunque me sentía muy agotado y repentinamente caí. Nuevamente sentí vergüenza, cierta impotencia y cerré los ojos. Traté de respirar pausadamente para poder calmarme. En ese intento estaba cuando sentí una caricia en mi cabeza, sentí una dulce piel que se unía a mi piel; abrí mis ojos y ella estaba allí, a mi lado y con su blanca mano cariciaba mi cabeza. Sólo abrí mi boca para decir algo y no pude. Traté de asemejar una sonrisa como la de ella. La observé. Sus ojos, hermosos, destilaban dulzura. Puso su otra mano bajo mi mentón, mientras que con la otra me acariciaba. Nos miramos en silencio. Finalmente ella habló y dijo palabras que no entendí. Obviamente venía de algún lejano lugar cuyo idioma era distinto al que yo estaba acostumbrado a oir. Pero no me imporataba no entender sus palabras; sólo me importaba el amor que de ella emanaba. Abrí mi boca e intenté decir algo torpemente que ella tampoco entendió. Pero comprendió que también era amor. Y sucedió lo maravilloso. Acercó su rostro hacia mí, y sus labios se posaron sobre los míos. Mi corazón palpitó más que munca, sentí que vibraba completamente. Cerré mis ojos y disfuté de su beso amoroso. Nunca antes tuve esa hermosa sensación. Entendí que eso no sería eterno por lo tanto tenía que disfrutarlo. Ella me volvió a acariciar y a pronunciar palabras que nunca entendí. Sólo cerré por unos instantes mis ojos; mi corazón rebozaba de felicidad. Repentinamente oí la voz de un varón que se acercaba hacia mí. Me asusté. ¿Quién me interrumpe de este dulce momento? ¿Quién se atreve a despertarme de este sueño? El varón, mucho más alto que ella, tomó de su mano y la alejó de mí. Entendí que era su padre. ¿Acaso creía que le haría daño? ¿O ella a mí?  ¡Qué equivocado estaba! ¿Cómo explicarle que jamás había encontrado tanta dulzura, tanto amor? ¿Cómo explicarle que yo también quería retribuir ese sentimiento?...

El varón gigante tomó de la mano a la niña y la alejó. Ella volvió su cabeza hacia mí y extendió su mano regalándome su amorosa sonrisa. Yo sólo la miré para verla por última vez. Ví cómo se alejaba confundiéndose su figura en el horizonte.  Sabía que ya no volvería a verla. O quizás sí, alguna vez…

Me quedé viendo en el horizonte como esperando a que regrese…pero no sucedió. Lo único que me quedó por hacer es volver al agua; me zambullí y me fui hasta lo más profundo alejándome rápidamente de la costa. Nadé y nadé, pero con esa sensación de amor y paz que había inundado mi corazón.

En medio del mar, dejándome acaricar por sus  cálidas aguas, allí en la soledad, medito en las enseñanzas de mi padre; que nosotros los delfines somos una clase peculiar, distinta al de los humanos; y aunque tengamos sentimientos parecidos jamás podremos integrarnos a un mundo diferente.

 
 


Finalista: Velero - Marcelo Gustavo Zanetti

VELERO

Autor: Marcelo Gustavo Zanetti (Argentina)

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Cada noche, desde la proa del velero, y esto te juro que es cierto, miro el río, que está convertido en un espejo vacío, y como si pudiera contestarme le pregunto por vos….le pregunto que pasa cuando alguien a quien uno quiere tanto se va como vos te fuiste, tan limpiamente, tan hacia un horizonte marino que nunca exploramos. Nuestro velero, nuestra casita en el agua, a veces creí estar loco, sí, loco, cuando pensaba que íbamos a tener un hogar flotante…vos también no? Un velero, es una cuerda que se encierra hacia abajo en un agujero negro, y hacia arriba es una canoa flotante con palos altos y velas majestuosas, que deriva como el amor que nos teniam…tenemos, porque aún estás…estás…
¿Sabes? A veces leo esa poesía escrita sobre un papel amarillento que vos pegaste en la pared del camarote principal que decía …y en la funesta hora que llegue tu desvelo, no te encierres en tu arca, Salí a cubierta y mira el cielo, porque cada estrella sufre el dolor que tu alma abarca,….Me acuerdo de esas noches templadas tomando café y mirando las luces de la ciudad lejanas, ese vértigo que ya no nos atrapaba, me acuerdo tu sonrisa cuando me preguntabas si estaba dulce el café y yo te decía que dulce eras vos…me acuerdo el pesto que nos agarró de regreso de Colonia una tarde de octubre, tu miedo, tu confianza en mi, la costa lejana, tus manos frías y tus ojos húmedos, me acordaba sabes de ese intento de viaje a Carmelo, que nunca pudimos cumplir…marinero de agua dulce me decías, pero el agua dulce provenía de tu boca, porque entre nosotros la pasión de navegar era idéntica a la de amarnos, la de contarnos historias pasadas y de traer al presente personas, cosas, símbolos del pasado. Un velero puede constituir un universo poblado de imágenes, como hoy, en este momento, mientras he fondeado un rato y me puse a escribirte con tanta ternura (que no sé de donde me sale), esta última carta que al no poder hablarte tengo que hacer a mano, y con mi torpe letra, agitada aún mas por un pequeño oleaje que provoca un pamperito….y sabes?...estoy con ganas de rumbear para San Clemente, meterme a mar abierto, comer algo, tomar este vino blanco helado, hasta la última gota, como si lo estuviéramos compartiendo, y  rolar en esa pampa acuosa salvaje, la pampa que nos dio tantas horas lindas en su superficie, la que se robó aquel pulóver azul tuyo tan suave, el que el viento te  arrebató…Cómo se hace para dejar una huella en esta pampa marina. Ahí al frente, está la luna, la luna que nos dio su amistad en tantas horas,… esta noche nada va a rebajarme, no voy a dejar que nada me rebaje el deseo de tenerte y no tenerte, voy  a hacer la ofrenda mas grande que una vez un hombre pudo hacer por una mujer amada….sé que es medio loco y grandilocuente, que a lo mejor otros tipos hicieron otras cosas mejores, pero para vos, seguro que para vos sería la mas linda, la mas agradable, la mas impensada y por eso te gustaría. Un universo como este no puede continuar en viaje si una tripulante se ha perdido para siempre…un universo como este debe trasponer ese agujero negro que lo encierra y debe irse dentro de él. Tal vez descubra la paradoja de la información perdida o la teoría del caos inicial, o tal vez el velero y yo viajemos a una velocidad superior a la de la luz para encontrarte….y al encontrarte vamos a tapar este agujero, porque en el amor no hay posibilidad de agujeros abiertos mientras uno está junto al otro, pero después, después que pasa?...quiero decir cuando uno ya no vuelve ser espejo de la luna, o recodo en el camarote, o calor en en las amnos mojadas por la sudestada.....
Ayer lo decidí, es demasiado valioso dejar un objeto que amamos tanto, y objto suena anónimo, diría nido, sí eso,  que fue un nido del amor entre nosotros. Sé que me lo vas a reprochar, pero cuando te encuentre tu alegría,(nuestra alegría) será tan fuerte que no va a ser un reproche largo, solo una mirada de esas tuyas duras y sólidas pero por un segundo…….es necesario que así sea… que no haya dudas…. Ya no tengo a quien contarle mis secretos, ni mis fábulas, ni mis pequeños proyectos, no quiero envejecer lejos del río, quiero ser parte de él, como lo fueron tus cenizas de amor….tal como me pediste…cerca de  Martín García, cerca de mi, como si tu esencia no se hubiera perdido, como si el amor no estuviera fraccionado, ….y ya casi son las 12 de la noche…está primaveral, la radio empieza a hacerme dar bostezos, escucho lejana la voz de Mirol que habla con no se que señora que cuenta algo sobre un canario que…como nos hubiéramos reído, no?...esas cosas de la gente simple son fantásticas, tienen un mundo tan distinto que a veces envidio no tener yo ese mundo, pero es esto lo que hay, mi realidad inconclusa, ya levante el ancla, ya voy a levar velas, ya estoy guardando la botella vacía, ya en pocas horas con este pampero, (ya no es pamperito) estaré en la boca oscura del río de la Plata que besa lengua con lengua su concurrencia con el mar….para nosotros era como cruzar el ecuador, una vez te tiré un balde agua mitad salada mitad dulce mientras dormías al sol de marzo en la cubierta, esa vez no fue una mirada de las tuyas, me insultaste fiero….yo no podía parar de reírme,...es que poca gente sabe que cosas se pueden vivenciar navegando en un velero, como navegaban los primeros marinos, con esa pasión por flotar en maderas desnudas las aguas de un mundo desconocido….como es tu mundo para mi ahora….un mundo desconocido y lejano, que no figura en ninguna carta de navegación, que apenas está en tímidos trazos en las paredes de esta nave…y si el silencio ahoga y te atrapa la soledad, marino!! corta la soga!! y echate a navegar… hoy puedo decirte que te quiero mas que nunca, y ojala que nadie llegue a leer esta carta…te quiere Ernesto (tu amor)…………………………………………………………………………………………………………
EN HORAS DE LA TARDE A LA ALTURA DEL CABO SAN ANTONIO FUE ENCONTRADO EL VELERO AMBAR A LA DERIVA SIN OTRO RASTRO DE TRIPULANTES QUE UNAS ESCASAS PERTENECIAS, UNA BOTELLA DE VINO VACÍA Y UNA CARTA. SE PRESUME QUE EL ÚNICO TRIPULANTE A BORDO, TITULAR DEL VELERO, ERNESTO BARCELÓ, QUIEN QUEDÓ RECIENTEMENTE VIUDO CAYÓ ACCIDENTALMENTE O SE HABRÍA ARROJADO AL MAR, SU CUERPO AUN NO HA SIDO ENCONTRADO….Parte de la Prefectura Naval Argentina de General Lavalle…………………………………….. 
 

Finalista: Vino Lilli - Bernardo Rusquellas

Vino Lili

Autor:  Bernardo Rusquellas (Argentina)

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Me estiro y pongo los pies sobre la bancada de babor. El sol es débil pero se siente tibio y agradable. Oigo la voz zumbante del VHF pero no entiendo qué dice. Por ahora está todo tranquilo, ya va a cambiar. Es por eso que debo aprovechar esta calma y descansar. Acabo de cruzar una tormenta, casi un huracán. Solo ha sido un día muy largo, pero la tensión es mucha y estoy agotado. Al amanecer, todavía con mar gruesa perdí la noción del tiempo y del espacio. Llevé el timón como un autómata.  El mar pude ser brutal pero no es traicionero, sólo es el mar. Tiene un temperamento explosivo a veces, dulce y amable otras. Se ríe y juega con nosotros, pero no es hipócrita como nosotros.
El parlante hace un carraspeo y ahora se oye con claridad una voz nerviosa “Aquí Non Plus Ultra”, da la posición y repite todo otra vez. Es un hermoso velero, lo conozco porque es de Juan Salgado, uno de los accionistas de la empresa para la cual trabajo. Prefectura le contesta entre chisporroteos y le hace repetir la posición una vez mas.
Debe estar cerca, pero una leve bruma sobre el agua no me permite verlo.
¿Por qué puedo estar tan relajado aquí, y tengo que estar tan tenso en el piso 23 con aire acondicionado? Parece una pregunta tonta pero lo he visto a Salgado y es feliz allí. No es tan mal tipo,...o tal vez sí lo es. El me promovió de puesto “Vamos, acepte, en esta empresa o se avanza o se retira”. O se tiene un infarto, o un divorcio.
En el mar también ascendemos, con el tiempo.
Rodríguez venía peleando por ese ascenso desde hace años. Quizás por eso acepté. No... acepté por cobarde. ¿Hubiera podido decirle a mi mujer “no acepté un ascenso, quizás me echen”?
Vuelve a hablar el VHF. Le piden al Non Plus Ultra que salga del agua, viene tormenta. Qué novedad. Estamos navegando en el ojo, anoche sí que nos dio un baile. Un baile. Recuerdo el baile de fin de año de la empresa. Trajes oscuros, vestidos escotados, sonrisas fotocopiadas, alguno pasado de copas. Al menos el borracho se sonreía de gusto. Rodríguez daba órdenes porque ya se creía en el cargo.
Uy... me salpicó la espumita, el mar está nervioso. Las olas son cortas y salpican, pero todavía falta para el próximo frente. La espuma corre por el traje de agua. El esmoquin la absorbió ante el gritito de sorpresa simulada de la señora Helmuth. “¡Ay, no se puede quedar así!”. Tuve que aceptar sonriendo que me llevara a otra habitación y me frotara con una servilleta la espuma de champagne que un instante antes me tirara “inocentemente”. “Espero verlo más seguido por aquí” me dijo con una voz suave que salía de sus pestañas postizas. Yo sabía que una de las obligaciones del nuevo cargo era atender a la esposa del director general. Ella me estaba ascendiendo. Cuando se lo dije a Ana, mi esposa, simplemente cambió de tema. Mi padre decía que el dinero provoca sordera.
Se está levantando viento. Voy a tener que volver a arriar la mayor, pero aun hay tiempo. Se deja oír el VHF, parece que el Non Plus Ultra se está poniendo nervioso. Mi primer trabajo en el nuevo puesto me puso más que nervioso. Tenía una sección a mi cargo. Durante una semana soñé con las modificaciones, los avances y el crecimiento de mi sección. El lunes tenía una orden en mi escritorio, la sección no era de interés, en seis meses, todos despedidos y mi traslado...después de los despidos. La úlcera no fue grave.
Vuelvo a oír al Non Plus Ultra, ahora está asustado, lo reconozco, empieza a dar órdenes. Como si al mar se le pudieran dar órdenes. Tenía que dar órdenes, muchas órdenes, sin sentido y sin pensar. Todos los gerentes lo hacían. Cuando ocurrió el derrumbe y murieron dos obreros, Salgado se encargó de tranquilizarme. “¿De que se preocupa? Usted hizo todo bien, no tienen posibilidad de reclamar nada, ni un peso. Se lo ve cansado ingeniero, tómese unos días y cuídese que usted es un baluarte en esta empresa.” Y me los tuve que tomar, cinco minutos después. Fue cómico, mi secretaria estaba más asustada que yo, solo era mi primer infarto.
Me acomodo nuevamente estirado sobre las bancadas, es agradable. Acabo de arriar la mayor e izar una vela de capa porque una ráfaga que me sacó de rumbo me lo advirtió. Pero ahora vuelve la tranquilidad por un rato.
El Non Plus Ultra ordena, no pide, ordena a prefectura que lo vayan a remolcar.
El radioperador le pregunta cuál es la avería. No hay avería, solo miedo.
¿Miedo a qué? ¿Al suicidio de Rodríguez porque a su mujer no le alcanzaba el sueldo de subgerente? ¿Miedo a enfrentar a su mujer cuando le echa en cara su muerte? Pobre Rodríguez, era un imbécil pero no merecía morir así. Tampoco merecía el puesto.
Unas gaviotas que flotan parecen los martillos de un piano, subiendo y bajando al ritmo de la música que ejecuta el viento. Si miro al cielo gris oscuro, veo las alas brillantes de una bandada que vuela dentro de un rayo de luz.
Lilí tenía un móvil de pajaritos brillantes girando sobre su cuna. La recuerdo moviendo las manitas y riendo porque un rayo de sol los había iluminado. Luego la recuerdo inclinándose para saludar al terminar su acto en el colegio. No sé qué era lo que había hecho porque yo acababa de entrar. Al menos esa vez fui.
Solo recuerdo algunas escenas de su vida, como fotos aisladas. En realidad creo que no la vi más que esas pocas veces. Su madre y la tarjeta de crédito me daban noticias periódicas, luego me dio noticias el psiquiatra del centro de rehabilitación juvenil.
El barco cabecea mucho porque el viento se detuvo y quedamos a merced de las olas. El cielo está cada vez más encapotado y el mar pasó de gris plata a un gris verdoso oscuro. Ya arrié el foque y puse el tormentín.
El Non Plus Ultra vuelve a pedir ayuda, ya no ordena, solo pide auxilio. Voy a tener que hablar con él. 
“Analí Analí llamando al Non Plus Ultra. Yo también estoy en el agua, Salgado, tenemos que correrla, es lo mejor, es muy fuerte pero no va a durar mucho.”
Contestó sin preámbulos “¡Qué correrla, tenemos que salir!”
“No se puede salir, Salgado, nunca se puede salir.”
La primer ráfaga sumerge el candelero de sotavento. Me pongo en popa.
El VHF sigue clamando “No lo oigo bien, está todo oscuro y las olas son cada vez mas grandes. Tengo solo el tormentín y el viento casi me tumba. Conteste Analí”
“Aquí Analí. Hizo todo bien Salgado ¿De qué se preocupa?”
“Analí, Analí, no lo oigo bien. ¡May day, may day! ¡Que alguien me ayude por favor! ¿Nadie me escucha?”
“Qué curioso, Salgado, usted repitió la misma frase que dejó ella en el contestador de mi oficina ¡Que alguien me ayude por favor! ¿nadie me escucha?”
¿Se acuerda Salgado? Hablo de Lili ¿Se acuerda?
Yo estaba viajando, pero alguien tenía que oír el contestador de la oficina. ¿Por qué no avisaron?. Cuando murió el padre de Estela no le dijimos nada hasta la hora de salida, pero era su horario. A Gustavo no le permitimos retirarse cuando el parto de su mujer salía mal , pero tenía que terminar la redacción del contrato con Japón.
¿Por eso no me avisaron?
“Las olas son enormes ingeniero, contésteme, no lo oigo bien.”
Sí Salgado, son como montañas y rompen antes de superarlas, pero solo son olas. Yo le estaba hablando de Lili.
“¡De que habla ingeniero! ¡Nos vamos a hundir! ¡¿Qué hago?!”
¿Cómo de que hablo? Es lo que usted dijo, se estaba hundiendo, se estaba ahogando en la desesperación. Y yo no hice nada para ayudarla.
“¡Lo veo ingeniero, está a la par mío, mire a estribor, me tiene que ver!”
Lo veo Salgado, estoy a la par suyo. Siempre traté de estar a la par suyo. ¿Recuerda cuando hicimos la planta del sur? No iba a casa por semanas, dormía en el avión. Pero pude mandar a Lili al colegio ingles, el mismo al que usted mandaba a sus hijas. Buen colegio, aunque ahora ya no le sirve. ¿Cómo está Mariangel?
“¡No lo sé ni me importa! ¡Ayúdeme, el barco está lleno de agua!
Es cierto, también tengo agua en la camareta. ¿Se acuerda de la instalación que hicimos en la represa? Ahí murieron varios en el agua, pero ya no me impresionaba. Estaba todo bien hecho,...para nosotros. Pero cuando la vi a Lili si me impresioné. Quince años tenía, Salgado, solo quince años. Y nadie la escuchó.
“¡No lo oigo! ¡Las olas son enormes, cada vez mas grandes!”
Sí Salgado, lo siento como algo enorme. Es mucho mas grande que yo, no cabe en mí, no puedo concebir la idea. No me puede haber pasado a mí, no le puede haber pasado a ella. La veo delante de mí. La veo en cada ola que se forma, surgiendo de entre la espuma, para deshacerse sobre mi cara, dándome una fría bofetada. Y me la merezco Salgado, me la merezco.
¡Me hundo ingeniero! ¡Me hundo!
¿Por qué se hunde ahora Salgado? Vino Lili, vino a visitarnos , esta aquí. Está parada en la proa, le gusta pararse en la proa y mirar el mar.
Acérquese Salgado, ella está aquí. ¿Recuerda cuando la llevé a la oficina y le dibujó un monigote en su agenda? Eso fue hace mucho pero ahora está aquí y se puso el vestido que le regalé para el cumpleaños de quince, no se lo había llegado a poner. Pero ahora lo tiene puesto. Venga Salgado, conteste Salgado... venga con nosotros.

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Aqui encuentras los Relatos del Tercer Certamen de Cuentos año 2006

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Por aqui encontrarás los cuentos de Pepe Fuera de Borda. Todavía entre las múltiples actividades encuentra un rato para escribir y como siempre sorprender.

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En esta sección te encuentras diversos cuentos que nos parecen dignos de destacar y coleccionar. Para entretenerse, pasar un buen rato y sorprenderse por hermosos relatos.

Esteban es marino mercante. Cubano. Expatriado residiendo en Canadá. De la página de su amigo Armando Acosta estos relatos que no tienen respiro.
A disfrutar a Esteban y su pluma.

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Amigos virtuales, lejanos conocidos, amigos personales, desconocidos. Aqui recibimos a aquellos que nos pasan el alma con sus relatos, su creatividad. A ellos gracias...muchas gracias!!!

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¿Porque todo tiene que ser para nosotros? Puede ser también para nosotros. Aqui encontrarás cuentos para contarles a los pequeños navegantes de tu barco. Relacionados con el agua y los barcos. O no. Tal vez, seguramente, también te gusten a vos.

Aqui tenemos los cuentos Finalistas y Premiados. Un proceso muy reñido adonde participaron más de setenta obras de navegantes literatos o literatos navegantes provenientes de diversas latitudes del habla hispana.

Una vez más tenemos la dicha de contar con una gran cantidad de cuentos que se han postulado al 5to certamen literario.

Una continua manera de disfrutar del agua, los barcos, sus personajes y escenarios

 

Estos son los relatos seleccionados por el Jurado entre los 112 cuentos participantes en nuestro certámen literario del año 2009. La temática La navegación, sus escenarios o personajes. A todos los participantes en el certámen nuestro agradecimiento por su participación y dedicación. Cada uno de ustedes nos honra con su presencia por medio de sus trabajos. A los seleccionados nuestras felicitaciones.

 

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